Al míster no lo busquen en Chile

Es un simplismo, pero igual vale. Este fin de semana ningún técnico chileno le pudo ganar a los argentinos. Salas cayó ante Vigevani; Vilches sucumbió con Guede y Ramírez con Larcamón. Marcoleta fue vencido por Palermo y por más empeño que pusieron, ni el Nico Córdova pudo batir al Vitamina Sánchez ni Bozán superó a Milito. Quedan fuera la U y Palestino (ambos con técnicos trasandinos) e Iquique con Temuco (los dos chilenos).
 
Un detalle más. Los que encabezan la tabla de posiciones son extranjeros. Colo Colo, Unión, Antofagasta, Everton y la U. Pelean el descenso Curicó y Wanderers, con estrategas nacionales. Lo digo sólo porque estamos enfrascados en una doble discusión: quién debería dirigir a la selección mayor y si deben mantenerse los actuales técnicos de los representativos menores, que se jugarán en enero del 2019 una múltiple clasificación (Mundial sub 20, Panamericanos y Juegos Olímpicos de Tokio), lo que no es poco.
 
En Chile no hay nadie capacitado para tomar la Roja. Ni por liderazgo ni por fútbol. Guede y Hoyos se han convertido en un par de zalameros que llenan de elogios y comparaciones a sus jugadores, en un carrusel que no tiene pudores, y que difícilmente pudiera garantizar la disciplina que el camarín de la selección requiere. Mario Salas, el mejor proyecto técnico nacional, atraviesa por un pésimo momento, al igual que aquellos que en algún momento parecieron promisorios relevos, como Miguel Ramírez, Jaime Vera, Nicolás Córdova y Fernando Vergara. No hay, para decirlo con claridad, entrenadores locales capacitados para los grandes desafíos.
 
En ese escenario, lo único que vale es mirar hacia afuera. A Pellegrini, que hace dos décadas no pisa una cancha local. O a un extranjero. Lo que debe hacernos reflexionar nuevamente sobre el INAF, el monopólico ente que forma a los especialistas en Chile. Siendo un entrenador quien encabeza por vez primera la testera en Quilín, el panorama es francamente desolador. Diríamos que amerita una preocupación especial de parte de Arturo Salah, si no estuviera tan estresado por la venta del Canal del Fútbol, el pago de los “premios” a los seleccionados y, obviamente, la búsqueda de los nombres que se hagan cargo de un desafío que no es menor.
 
Si llega Pellegrini rompería una larga cadena de opciones foráneas para sentarse en la banca de la Roja. Acosta, Bielsa, Borghi, Sampaoli y Pizzi ratificaron en su momento una verdad indesmentible: para las grandes tareas hay que vitrinear afuera.
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