Educación, política de Estado

Los desafíos que enfrentamos y enfrentaremos en educación son enormes. En los próximos años, Chile, como otros países similares, deberá abordar el reto probablemente más importante de su historia en materia educativa.

Esto no significa partir del lamento pesimista, que se escribe siempre desde el déficit y la crítica fácil. Al contrario, su punto de partida será reconocer que el progreso de los últimos 30 años es el que nos permite hacernos ahora las preguntas mayores.

Desde comienzos de los noventa, Chile ha multiplicado varias veces los recursos destinados al sistema educativo, al punto que hoy se encuentra en el promedio del gasto educacional de los países de la OCDE. 

Esos nuevos recursos se han utilizado en ampliar y mejorar significativamente la infraestrutura escolar. La cobertura hoy es de las mejores de nuestra historia. Niñas y niños reciben en sus escuelas textos escolares gratuitos de buena calidad, computadores y acceso a Internet, bibliotecas razonablemente bien dotadas y alimentación para todos los estudiantes vulnerables. En el mismo período, los docentes han multiplicado sus remuneraciones promedio por cuatro, y con la nueva carrera docente las seguirán mejorando. Eso está atrayendo más y mejores postulantes a las carreras de pedagogía. Por supuesto, queda espacio para seguir mejorando, pero hoy la carrera docente ha ganado en dignidad y reconocimiento. 

Hoy tenemos más que nunca estudiantes en la educación superior (cuatro veces más que al comienzos de los 90). La ley recientemente aprobada nos abre la oportunidad de mejorar la institucionalidad de apoyo a la educación pública, mientras crece la conciencia por ampliar la educación inicial y mejorar la capacidad de innovación pedagógica de las escuelas.

Todo lo anterior nos pone en un buen pie para lo que viene. 30 años de esfuerzo compartido por todos los chilenos, nos permiten contar con condiciones de contexto muy distintas a las de hace pocos años, y nos obligan a mirar sin excusas el imperativo de la calidad.

"El verdadero cambio paradigmático será construir un sistema que, a diferencia de aquello, se asiente en la colaboración, la valoración de la diversidad y que fortalezca el sentido comunitario y ciudadano de todo proceso educativo."
Eugenio Severin

¿Pero qué significa calidad en educación ya entrado el siglo XXI? Unesco ha definido calidad mediante cinco componentes: relevancia, pertinencia, eficacia, equidad y eficiencia. Hasta ahora, lo hemos hecho bien midiendo una parte de la eficacia, pero prestando poca atención a los otros componentes. Los primeros dos componentes serán especialmente relevantes en los próximos años. Se refieren a la responsabilidad de la educación por dar adecuada respuesta a las necesidades de la comunidad y el país en el que se encuentran, y la capacidad para hacerse cargo de las potencialidades, expectativas y talentos de todos sus estudiantes, respectivamente.

Hemos institucionalizado un sistema educativo basado en la competencia y la estandarización , y en donde el valor privado de la educación ha sido relevado. El verdadero cambio paradigmático será construir un sistema que, a diferencia de aquello, se asiente en la colaboración, la valoración de la diversidad y que fortalezca el sentido comunitario y ciudadano de todo proceso educativo.

Y lo anterior, habrá que hacerlo en un contexto global tremendamente desafiante. El ya famoso informe de Oxford que anunció el año pasado que el 47% de los puestos de trabajo se perderían en manos de robots e inteligencia artificial en los próximos 20 años, ha sido apenas matizado por el reporte de Mackenzie de este año que sintetizó que el 60% de los empleos serían automatizados en un promedio del 40% de sus tareas.

El progreso tecnológico tendrá un impacto aún mayor que el que ha tenido hasta ahora, en las formas de relacionarnos, en los mercados laborales y el empleo, en las formas del ocio y en la salud de las personas. Y no hablamos de los próximos dos siglos, sino de las próximas dos décadas. Hablamos del mundo que enfrentarán niñas y niños que en marzo próximo entrarán a primero básico. ¿Cómo está el sistema escolar y de educación superior preparando a esos estudiantes para el mundo real que van a vivir y que apenas hoy podemos imaginar?

El desafío es tan inmenso e importante, que no puede ser tarea de unos pocos. Se necesita el aporte de muchos, que desde distintas miradas, especialidades, experiencias y posiciones ideológicas y políticas, ayuden a construir un nuevo consenso educativo, un nuevo proyecto común de futuro, que nos ponga de cara y a la altura de lo que les debemos como derecho a nuestras niñas y niños. Necesitamos que la Educación sea una política de Estado, que nos una  con generosidad en esta tarea común.

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