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Acerca del “fortalecimiento de la educación pública”
Opinión

Acerca del “fortalecimiento de la educación pública”

Hace algunos años, conversaba con un economista de una prestigiosa universidad chilena. Yo, recién llegada de un país donde la educación se entendía como un derecho, afirmaba: “en Chile no existe el derecho a la educación.” La respuesta: “¿Cómo que no? ¡Hay educación pública! O sea, si no tienes dinero, siempre puedes ir a una escuela pública, así que todos tienen derecho a educación.”

Hasta ahora hemos entendido el derecho a la educación como el derecho a un mínimo, y sobre ese mínimo cada uno puede comprar en el mercado de la educación lo que quiera -y esté dispuesto a pagar- y pueda -tenga ingresos disponibles-.  Si todo sale mal, usted tiene derecho a… educación pública.

Así entendido el derecho a la educación, la única reforma educacional necesaria es la del “fortalecimiento de la educación pública”, es decir, si todo le sale mal en la vida, que el piso no sea tan bajo. Esta podríamos llamar la idea “conservadora” del “fortalecimiento de la educación pública.”

Cabe notar que bajo esta idea conservadora, el sistema educativo no sirve para igualar oportunidades, en el sentido que las condiciones de partida no determinen los resultados en la vida y todos accedan a algo diferente dependiendo de la condición socioeconómica de los padres. Tampoco les da a todos los padres la misma libertad de elegir el establecimiento de sus hijos: ya que esa autonomía depende de su capacidad de pago o nivel de ingreso. Además, crea un sistema educacional altamente segregado socio-económicamente.

"Las condiciones del sistema educativo deben ser acceso en igualdad de oportunidades (que las condiciones iniciales no determinen resultados en la vida) y financiamiento a todas las instituciones educativas con impuestos (gratuidad universal)."

Una idea distinta es la que hay detrás de esta reforma educacional. Se dice transformar la educación en un derecho social. Bajo este concepto, no es que todos tengamos derecho a un mínimo, sino que todos tengamos derecho a la educación que existe en nuestro país. Esto se funda en la noción del principio universalista de las políticas sociales.

La educación es un derecho de ciudadanía, que es igualitario para todos y cuya provisión se financia con recursos fiscales. Por eso, las condiciones de acceso y financiamiento al sistema educativo deben ser tales que el acceso sea en igualdad de oportunidades (que las condiciones iniciales no determinen resultados en la vida) y financiamiento a todas las instituciones educativas con impuestos (gratuidad universal).

Sin embargo, la idea de “igualar” condiciones de acceso y financiamiento de privados subvencionados y estatales pareciera contradecir el objetivo del “fortalecimiento de la educación pública". Así lo han planteado varias personas, incluso de izquierda. Para entender por qué esto no es así es importante explicar que la reforma del sistema educacional tiene que moverse en dos sentidos, y ellos juntos son los que podríamos llamar la vía “progresista” del “fortalecimiento de la educación pública.”

En primer lugar es fundamental entender que el problema de la educación pública no se ciñe sólo a la educación pública. En un sistema como el chileno, donde algunos establecimientos (los privados) pueden cobrar y seleccionar y otros (los públicos) no, la educación privada tenderá a ser la educación a la que asistan todos aquellos que en sentido económico, social o cultural están mejor situados. Por lo tanto, en un sistema como el chileno, la educación pública tiene una tendencia interna a transformarse en un gueto de marginalidad y pobreza.

"En un sistema como el chileno, la educación pública tiene una tendencia interna a transformarse en un gueto de marginalidad y pobreza."

Por supuesto, esto puede paliarse en casos minoritarios por la vía de fomentar que los establecimientos de la educación pública hagan lo que hacen los establecimientos privados (seleccionar a “los mejores”), que además no necesitan ser buenos establecimientos para tener resultados de excelencia: les basta con seleccionar los mejores estudiantes. Pero esto es sólo una opción para una minoría: la mayoría de los establecimientos de la educación pública están en una desventaja estructural frente a los que pueden segregar y seleccionar estudiantes.

Por lo tanto, para rescatar la educación pública es necesario primero, eliminar esta tendencia estructural del sistema actual de educación a segregar a los más pobres en la educación pública. En este primer sentido, entonces, fortalecer la educación pública significa hacer que los establecimientos privados subvencionados funcionen en las mismas condiciones que los públicos: sin copago, sin selección, sin lucro.

Esto permitiría eliminar esa tendencia estructural a la transformación de la educación pública en un gueto de pobreza. Pero eso no ayudaría a la condición actual de la educación pública, que debe recuperarse del estado en el que está producto de las condiciones de funcionamiento del sistema educativo por varias décadas. Por eso, el segundo sentido del fortalecimiento de la educación pública debe ser el directo.

"El Estado no debe ser indiferente en que exista una educación pública fuerte, vigorosa, inclusiva: escuelas de todos y para todos"

El Estado no debe ser indiferente en que exista una educación pública fuerte, vigorosa, inclusiva, que cumpla una función “paradigmática” respecto de la idea de educación como un derecho: escuelas de todos y para todos. Ambas consideraciones explican una preocupación preferencial por la educación pública, que a su vez justifican un programa de mejoramiento dirigido. Esta debería ser la segunda parte de la reforma educacional.

Ahora bien, es central entender que un programa de mejoramiento de la educación pública que no se hiciera cargo del primer sentido sería insostenible en el tiempo, porque a pesar de que la educación pública mejore significativamente, el financiamiento compartido y la selección tienden a crear una educación pública para los pobres y no para todos. Parafraseando una campaña para el transporte público: país desarrollado no es donde el pobre usa auto, sino donde el rico usa el transporte público. Podríamos decir: país desarrollado no es donde pobre asiste a la escuela privada, sino donde rico elige la escuela pública.


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