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Selección chilena: A La Haya o al hoyo

A La Haya o al hoyo

Lo que más molesta es que volvimos a ser ingenuos. Si hay algo que distingue a los equipos de Martino –y a esta Argentina cuando no tiene a Messi- es que se agazapa y golpea, con un contragolpe tan letal como imparable. Cuando Chile insinuó que se pararía más adelante en el segundo tiempo, era obvio que tenía que resguardar al más peligroso de los rivales en esa faceta: Ángel Di María.

"El Fideo" no sólo marcó el primer gol, sino que marcó todas las diferencias que requería el partido para enfatizar nuestras dudas. Porque, explíquenme, ¿cuál era la necesidad de adelantar a Mauricio Isla si no hizo daño ni desahogó eficientemente? Y si teníamos problemas en la salida, ¿era imprescindible que abriéramos ese forado por el sector izquierdo?

Culpar de los goles a Claudio Bravo es un simplismo si perdimos la pelota en la salida y descuidamos a Di María. Por ende, ahora, sobre la leche derramada, sólo cabe recomponerse y el discurso posterior al partido no ayudó demasiado.

"Pizzi anunció como cambio fundamental la presencia de un nueve de área en su equipo, pero insistió en una fórmula fallida, donde Alexis Sánchez termina siendo una sombra."

Viene Bolivia, que ante Panamá se vio desastroso y desarticulado. Si no somos capaces de quedarnos con esos tres puntos sería hora de revisar completamente lo que estamos haciendo. Pizzi anunció como cambio fundamental la presencia de un nueve de área en su equipo (y por eso marginó a Valdivia), pero insistió en una fórmula fallida, donde Alexis Sánchez termina siendo una sombra.

Los fantasmas retornan a la Roja, que suma su tercera derrota consecutiva. Para decirlo de otra manera, Pizzi ha ganado tres puntos de quince. Y esta es la peor racha desde la época de Borghi. Los jugadores no parecen reaccionar ante la evidencia y mantienen un discurso inexplicable ante una crisis evidente y se requiere de un liderazgo que sea más elocuente que el de las bravuconadas.

Acá en Santa Clara, en el límite de Palo Alto, al lado de Silicon Valley, donde los únicos museos son los de las computadoras y el vino, los datos duros son embriagadores. Chile no mejora, se confunde cada vez más y, ya resulta demasiado evidente, no tiene un liderazgo claro.

El próximo duelo con Bolivia –el clásico previo a La Haya- hay que ganarlo, jugando bien y con contundencia ofensiva. Es lo único que salvará el herido orgullo de un cuadro que tuvo mejores días.


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