Crédito: Agencia Uno
El Superclásico de los pañales cagados

Pañales cagados

Soy un tipo viejo, de dilatada trayectoria y hay días en que pienso que ya nada podrá sorprenderme. Pero me equivoco. Hemos visto, recientemente, como todo el poder político, religioso, empresarial y militar se viene abajo entre mentiras y acciones criminales empujadas por la pura codicia o la maldad, pero eso ni sorprende ni intriga, porque siempre sospechamos que era así y es mejor tener la certeza que intuirlo.

Pero lo del sábado en el Superclásico, debo confesarlo, me sorprendió. Enterarme por el informe del árbitro Eduardo Gamboa que la hinchada de Colo Colo, apostada en la Tribuna Océano del Estadio Monumental, tiró a la cancha, a partir del minuto 81 de partido, pañales cagados superó el límite de mi conocimiento. No se trata de proyectiles —que los hubo y muchos, a tal punto que uno impactó a Martín Lasarte— ni fuegos artificiales, sino, le reitero, pañales cagados.

El hecho me llevó a la reflexión. Lo primero, es quien se dedica al asqueroso pasatiempo de preparar los proyectiles. ¿Es una asociación de padres primerizos que los acopia durante la semana para llegar bien premunido al pleito? ¿Es el dueño de un jardín infantil que con la complicidad de las tías logra acumular munición suficiente? ¿Es alguien, de mentalidad aviesa y pervertida que compra pañales limpios y los carga durante el entretiempo pensando en el odio que le despierta la hinchada rival? Quisiera que detectaran al tipo que los lanzó sólo para que saliéramos de esa duda, pero entiendo que eso no será posible.

Porque el clan de los pañales sucios no actúa en solitario. Tiene que tener cómplices para ingresar su asquerosa carga hasta las gradas. Debe estar protegido por su entorno para soportar el hedor durante más de ochenta minutos de partido y, en algún momento, abrir la bolsa para lanzarlos al terreno y eso, créanme, no se puede hacer sin que la gente se entere. Ni una cámara, ni un guardia, ni un Carabinero, ni un asistente civilizado vieron como entraron los pañales cagados ni cómo los lanzaron, por lo que intuyo que la banda del hipoglós actúa amparada y con la certeza de que su acción quedará impune.

¿Habrá una declaración pública de la dirigencia de Colo Colo contra la escatológica práctica de lanzar pañales cagados a la cancha? ¿Aprovecharán los cancheros el inesperado regalo para beneficio del césped del Monumental (en la última película de Ridley Scott "Misión Rescate", un astronauta usa su propio excremento para cultivar papas en Marte)? ¿Estará involucrada la Junji? ¿Son los pañales arrojados una marca de CMPC, y por ende, un acto de connotación política? ¿Se hará costumbre esta práctica en los estadios chilenos? ¿Llegaremos, ante nuestro estupor, asco y espanto, a presenciar cómo la hinchada comience a arrojar, por ejemplo, pañuelos desechables, toallitas femeninas, jeringas usadas y otro tipo de desechos contaminantes a las canchas?

Mientras no sepamos la verdad del Cartel de los Pañales Desechables que opera impunemente en las tribunas de nuestros estadios, todo es posible. El tema es de prioridad nacional.


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