Crédito: A. Uno
Chile campeón Copa América Chile 2015

Así era la victoria

Hay en el museo del Louvre una escultura sublime. Es una mujer enfrentada al viento, sobre la proa de una embarcación, con las alas extendidas y sin cabeza. Se le llama “La victoria de Samotracia” y siempre creí que era la encarnación en mármol del sentimiento sublime del triunfo. Como “1812” de Tchaikovski se transformó hace tiempo en la banda sonora del festejo desatado, con cañones y petardos, con campanas al viento y trompetas iluminadas. 

Cada vez que pensaba en la victoria –total, épica, colectiva, inolvidable- tenía que hacerla corpórea y real, porque no tenía otra forma de imaginármela. Nunca festejamos algo importante a nivel de selección, y ahora que estamos en eso comprendo que estaba profundamente equivocado.

"Nunca festejamos algo importante a nivel de selección, y ahora que estamos en eso comprendo que estaba profundamente equivocado."

Justo cuando comencé a trabajar, Argentina se coronó campeón del mundo por primera vez. En la revista El Gráfico el periodista Héctor Vega Onesime, uno de mis maestros, finalizó su comentario del partido final diciendo que había cerrado los ojos. Y que creyó ver a Dios. Me pareció, claro, una figura literaria, una metáfora, un exultante y delirante relato de una alegría que desbordaba los límites.

Ahora, muchos años después, cierro los ojos para escuchar mejor el bullicio que viene de allá afuera y, secretamente, para ver a alguien. La victoria tan largamente esperada, tan anhelada, tan perseguida y buscada se me aparece ahí, enfrente, etérea y mágica. Es de color rojo, claro, huele a pólvora quemada, sabe a lágrimas y viene rápida, trepidante, estruendosa. 

"La victoria tan largamente esperada, tan anhelada, tan perseguida y buscada se me aparece ahí, enfrente, etérea y mágica. Es de color rojo, claro, huele a pólvora quemada, sabe a lágrimas y viene rápida, trepidante, estruendosa."

Nos costó y mucho. Debió caer el mejor equipo del mundo con el mejor jugador del planeta. Nos consumimos en los nervios y el dolor, en la incertidumbre y la angustia, pero ahora está aquí, plena y total, para convertir a un puñado de hombres en héroes para siempre, en dioses inmortales, en guerreros incombustibles. Son ellos los que hacen de este triunfo algo terrenal, en su pletórica y radiante danza de abrazos sobre la cancha.

Seremos todos nosotros testigos claves, testimonios eternos de esta dicha inmensa. Que tardó y costó, pero que ya está aquí. Para que todos y cada uno de nosotros, con los ojos cerrados, intente ver a alguien, ponerle cuerpo y música a esta victoria. Para que la transforme, de ahora y para siempre, en el rincón más lindo, más querido, más valioso de nuestra caja de los recuerdos. 


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