Crédito: Agencia UNO
Bonini, Beccacece y la hermana del Chupete

Bonini, Beccacece y la hermana del Chupete

Mirémoslo positivamente. Sebastián Beccacece tiene tanta confianza en sus méritos profesionales y en lo que le depara el futuro que aceptó de buena gana la humillación de que le impusieran un interventor para seguir desarrollando su trabajo en la U. También es probable que no quisiera perder los más de ochocientos millones de pesos que debe percibir hasta el término de su contrato con Azul Azul, pero eso sería pensar mal, claro.

Luis María Bonini, estrecho colaborador de Marcelo Bielsa durante buena parte de su carrera, cimentó su prestigio en Chile con la selección, a la que tuvo bien aceitada desde el punto de vista físico. A partir de su ya legendaria arenga en la boca del túnel del Centenario, su rol como motivador fue superior al de preparador, mal le pesara a la hermana del Chupete Suazo, citada en el mencionado episodio.

Una vez finalizada su labor con Bielsa, el profe Bonini –como suele ser conocido- se radicó en el país, se dedicó a las charlas motivacionales y al comentario deportivo, siempre amparado en su carácter jovial, su espíritu optimista y sus ya alabados métodos para alentar a la gente. Fui testigo de un par de sus charlas, donde siempre se le elogiaba su humor irreductible y, por supuesto, se le recordaba la mención a las partes pudendas de la hermana del Chupete. Se transformó en todo un personaje, al punto que los azules hicieron su movida para arrebatárselo de las manos a Aníbal Mosa, que quería contratarlo para que a grito limpio despertara al Coto Sierra y a su tropa en el Monumental.

Cuando Carlos Heller, encerrado entre el pago de una millonaria indemnización y el evidente clamor para reemplazar al técnico de su equipo ideó esta salida de emergencia para la crisis –porque supondremos que la idea fue suya-, sabía que era una inteligente estrategia de ajedrez. Si Beccacece se sentía vejado debería renunciar y, por ende, el timonel se ahorraba mucha plata. Y si aceptaba, le endosaría al profe Bonini la responsabilidad de sacar adelante la misión, enderezar al equipo o hundirse con su joven e inexperto asesorado. De aquí en más, bien vale la pena dejarlo sentado, el destino deportivo de la Universidad de Chile dependerá del recién llegado, a quien cada cual le asignará el rol que estime más adecuado: asesor, interventor, estimulador, preparador físico, mentor, etc.

La misión para Beccacece a estas alturas será doble: ganar y sacudirse de la lastimera imagen que ha proyectado desde que salió del alero de Jorge Sampaoli. Si el equipo se endereza, deberá convencernos que fue por sus méritos y no por las arengas de Bonini, con quien deberá necesariamente rivalizar en el vestuario por un liderazgo que, al menos después de esta pasada, ha quedado evidentemente debilitado.

Por lo pronto sería conveniente –a modo de consejo- que la promesa del técnico de renunciar si a fines del año no hay objetivos cumplidos haya quedado por escrito, para evitar sorpresas. Lo que es el profe, firmó contrato por dos años, a todo evento. ¡Bien, Bonini, y la concha de tu hermana!


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