Chupete y la honra de su hermana

Chupete y la honra de su hermana

Una vez, hace algunos años, le pregunté a la hermana de Chupete Suazo –en su humilde casa de San Antonio- qué le había parecido la célebre arenga de Luis Bonini en la boca del túnel del Centenario, aludiendo a sus partes más pudendas.

Me contestó que al comienzo no le gustó nada, por razones más que obvias, pero que luego había entendido que era una manera de motivar a Humberto, que en ese partido estaba medio apagado. El héroe ese día, de hecho, fue Marcelo Salas, en su última patriada por la selección.

Suazo siempre fue un jugador especial. Requería de mimos y cuidados especiales. Se fugó de la Católica y tuvieron que ir a buscarlo cerro arriba en San Antonio para que volviera.

Fue una de las últimas luces brillantes de un San Luis cada vez más venido a menos y un tipo entrañable por su sencillez y candor. Tocarle la pelada pasó a ser casi un rito en los clubes donde lució luego, Colo Colo, Zaragoza y Monterrey.

"¿De qué jugará Suazo? Porque la mejor figura del Colo Colo 2014 fue, con holgura, Esteban Paredes."

Fue ídolo en México –donde tuvo que luchar contra la distancia, la enfermedad de su madre, el desarraigo y la violencia en las calles- y ahora vuelve a un Colo Colo que quiere replicar hasta el cansancio la fórmula ya comprobada en los últimos meses, después de la crisis: jugadores calados, de larga trayectoria, que vengan a vivir sus últimos años en Pedreros.

Les pasó con Paredes, Pajarito, Villar y Maldonado y también quisieron a Valdivia, Lucas Barrios y a Luis Jiménez. La lógica de mercado indica que no habría una nueva posibilidad de venta, pero con Paredes y ahora con Valdés han debido bregar para no perderlos.

Chupete no debería tener problemas para imponerse en Chile, porque se juega con menos intensidad que en México y Argentina. Hay más espacios, menos marcas, menos roce.

La duda razonable que provoca su llegada ante el importante desafío de Copa Libertadores es uno sólo: ¿de qué jugará? Porque la mejor figura del Colo Colo 2014 fue, con holgura, Esteban Paredes.

Cuando estuvo en forma, los albos fueron campeones, se convirtieron en el equipo más goleador, Vecchio y Valdés lucieron su mejor fútbol y el equipo no se perdió, ni dentro ni fuera de la cancha. Faltó poco, y cuando no estuvo, los resultados lo denunciaron.

Paredes es un nueve enganchado, que cuando está óptimo físicamente, retrocede y hace diagonales temibles. Si algo le faltó al esquema de Tapia, fue acompañamiento por las bandas, con un Flores muy peleado con el gol y Delgado que recién se está armando.

Por eso el entrenador quería a Orellana, para que abriera el frente. Chupete juega a lo mismo que Paredes, lo que debería significar cambiar el esquema para tenerlos a los dos en punta o alternarlos.

"La idea es que los hinchas no se acuerden más de la hermana de Chupete, ni de las madres de los dirigentes. Salvo que sea para motivarlos, claro."

El desafío de la Libertadores es clave para los albos, que hace rato –desde que Suazo hacía goles para Borghi- no están en la cima del continente. Por eso, los dos refuerzos que faltan habrá que elegirlos con pinzas y defender a muerte el plantel que ya existía, que era escaso.

Porque todos sabemos que un grupo veterano y corto no podrá resistir dos campeonatos como los que se vienen.

Y la idea es que los hinchas no se acuerden más de la hermana de Chupete, ni de las madres de los dirigentes. Salvo que sea para motivarlos, claro.


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