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Cuando Obdulio le ganó a Marx

Cuando Obdulio le ganó a Marx

Pongamos las cosas en su lugar. El que inventó la frase “uno puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero jamás de equipo de fútbol” no fue Eduardo Sacheri ni Campanella. Fue Eduardo Galeano, mucho antes que la célebre escena de “El secreto de sus ojos”, que tuvo el mérito de revisitarla y masificarla.

Me reclamaba un amigo de izquierdas que el mundo del fútbol se había apropiado –o al menos competido mano a mano- con los marxistas en el duelo por la muerte del escritor uruguayo, lo que le parecía injusto y desproporcionado. Que el aporte de “Las venas abiertas de América Latina” era infinitamente mayor que el de “El fútbol a sol y sombra” y que el continente necesitaba hoy aclamar a un consecuente de la democracia más que a un amante del fútbol.

"Me reclamaba un amigo de izquierdas que el mundo del fútbol se había apropiado con los marxistas en el duelo por la muerte del escritor uruguayo."

Puedo estar de acuerdo, por supuesto. Reducir a Galeano a su faceta futbolera es tan injusto como cercenarla para privilegiar la consecuencia de su discurso. Y es que una de sus principales luchas fue contra la intelectualidad de izquierdas, que despreció en los setenta la pasión por el fútbol al considerarla una cortapisa a la lucha de clases. Particularmente en el Río de la Plata por la organización del Mundial del 78 en Argentina y el Mundialito en Uruguay, considerados dos grandes bastiones de las dictaduras para ocultar sus crímenes y torturas.

La teoría de Galeano para explicar el talento de Messi

Para ser rigurosos digamos que Galeano escribió primero “Su majestad el fútbol” (1968) que “Las venas abiertas de América latina” (1971). Y que la tradición charrúa obliga a ser –antes que todo- un apasionado del fútbol que de cualquier otra cosa. Mario Benedetti, por ejemplo, publicó “Puntero izquierdo”, una obra tan reverencial como “La tregua”  o “Somos mucho más que dos”. Y Horacio Quiroga, el célebre autor de “Cuantos de la selva”, escribió, en 1918, un relato llamado “Suicidio en la cancha”, basado en la historia real de Abdón Porte.

"En Uruguay no se puede soslayar la raíz futbolera, aunque el llamado de los tiempos o la intensidad de la lucha llamara a lo contrario."

Para decirlo en fácil, en Uruguay no se puede soslayar la raíz futbolera, aunque el llamado de los tiempos o la intensidad de la lucha llamara a lo contrario. No hay que olvidar que el Che Guevara jugaba al arco no porque fuera malo –o revolucionario- sino porque tenía asma. No podría, a estas alturas de la vida, haber contraposición o rivalidad entre el Galeano de izquierdas y el hincha de Nacional. Todo eso ya justifica su manifiesto: “¿En qué se parecen el fútbol y Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que genera en muchos intelectuales”. 

Y es que Galeano tenía 10 años cuando Obdulio Varela condujo a los celestes en la gesta del Maracaná. La batalla entre chicos y grandes más grande de la historia, la épica de la desigualdad, la mejor imagen de los pobres arrebatándole el botín a los más ricos, el cuadro perfecto de la revolución soñada.


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