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Chile

Cuánto se jodió la selección

Lo inentendible de todo esto es que no hace nada parecíamos imbatibles. Éramos bicampeones, teníamos notables rendimientos individuales y un tercer mundial asomaba a la vista. Pero algo ocurrió porque, de improviso y sin previo aviso, nos desdibujamos, perdimos el tranco, nos ganan fácil y, a veces, damos pena.

No solo la Plaza Roja quedó muy lejos, sino que las desconfianzas se ha apoderado del equipo. Lento, sin reacción, sorprendidos en los primeros minutos nuevamente y, lo que es peor, desorientados y taimados, nuestros héroes de la Centenario terminaron deprimidos, golpeados y humillados ante un equipo que –al igual que Paraguay y Bolivia- ayudamos a resucitar.

Nuestros laterales parecen lentos y desorientados, Charles Aranguiz jugó su peor partido en mucho tiempo, Alexis no existe desde hace rato, Vargas juega con el nombre y la historia. La debacle es total y si algo se salva es el orgullo de Vidal y un par de tapadas de Bravo que salvaron sus errores del primer tiempo en las salidas. Pero el balance de Quito es uno nada más: no somos lo que creíamos que éramos.

En el debate anterior creíamos que los humos se nos habían subido a la cabeza. Que el éxito había provocado un quiebre en el camarín. Que Pizzi había encontrado la hebra en Estados Unidos, pero que no supo administrar el éxito y se confundió en un estilo laxo controlado por los mismos futbolistas. Pero el desastre del Atahualpa nos enfrenta a una conclusión mas extrema: esto es otra cosa, otro equipo, otro cuerpo técnico, enfrentado a nuestra endémica historia. Aquí pasó un fenómeno silencioso pero profundo que nos arrebató el orgullo, la alegría, la solidez.

El primer y más lógico responsable es Pizzi, que no solo ha errado en la planificación, sino también en la administración de los egos de nuestros héroes, lo que nos provoca una cuota de envidia pues Colombia, Paraguay y Ecuador fueron capaces de sostener en el tiempo el éxito de una generación puntual, una apuesta segura que debería llevarnos a Rusia, si es que encontramos la falla a tiempo. Lo que se descompuso parece interno y eso requiere de una revisión minuciosa de los procesos, los engranajes; de la mecánica y los engranajes.

Porque esa es la tarea. De Pizzi, de Salah, de los lideres del plantel. Encontrar, de la manera más rápida y efectiva posible, el diagnostico adecuado. Algo nos pasó, nos está pasando, nos duele y nos rebela. La selección en alguna parte se nos extravío, se nos echó a perder y necesitamos, de urgencia, repararla. 


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