David Bowie, el boxeador

David Bowie, el boxeador

David Bowie no quiso estar ni en la ceremonia inaugural ni en la final de los Juegos Olímpicos de Londres hace cuatro años, a diferencia de otros notables cantantes locales. Sin embargo, su música sonó fuerte, porque “Héroes” era el himno oficial de los deportistas del Reino Unido en sus presentaciones formales. A diferencia de otros inmortales del rock británico, su relación con el deporte era lejana y desinteresada.

Hay constancia que cuando pequeño integró el cuadro de fútbol de su colegio, el Burnt Ash Primary School, aunque jamás expresó interés por ningún equipo en particular. Los hinchas del Chelsea intentaron identificarlo con sus colores, pero era probable que se sintiera más cercano al Arsenal, porque en alguna gira a mediados de los ochenta utilizó los nombres de los principales jugadores de los “gunners” para chequearse en los hoteles.

A Bowie lo que le gustaba era el boxeo, a tal punto que una de sus lesiones permanentes era en la pupila, tras un golpe que le propino en la adolescencia su amigo George Underwood en una pelea informal, se dice que para disputarse el amor de una chica. El cantante solía entrenarse con rutinas de cuadrilátero, impulsado por otro amigo, el entrenador Richard Lord, y plasmó su amor por los guantes en la portada de “Let’s Dance” (1983), donde aparecía con guantes y en pose de ring.

El intérprete de “Starman” dejó su huella impresionante en el siglo XX, fue coreado en estadios y bailes, fue un símbolo de Gran Bretaña y sonó, fuerte, en los Juegos Olímpicos. Un guiño inolvidable para una estrella que se apagó.


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