Crédito: Reuters
Edinson Cavani Gonzalo Jara

Del palo de Pinilla al dedo de Jara

La respuesta es increíblemente simple. Chile ganó porque fue siempre mejor que Uruguay. Porque tuvo más la pelota, porque se generó más situaciones de gol, porque recuperó rápidamente el balón y porque tuvo un permanente afán ofensivo. Ganó porque lo merecía.

Pero usted y yo conocemos las claves de este duelo y sabemos que eso no siempre alcanza. Que los charrúas apostarían precisamente a eso y esperarían, agazapados, para clavar un contragolpe. Entonces, en la lógica de este juego y para cómo se vienen las cosas en el fútbol de hoy, Chile ganó porque Mauricio Isla hizo el gol en el momento preciso: cuando las ideas se agotaban y la ansiedad comenzaba a corroer la confianza.

"Sacamos a colación la brutal infracción de Montero Castillo en contra de Fouillioux, la naranjita de Venancio Ramos, el foul de Chavarría a Francescoli, los 19 expulsados del Santa Laura y tantas otras historias"

Pero ni siquiera eso es bastante. Durante la semana recordamos el historial de enfrentamientos con Uruguay. Y sacamos a colación la brutal infracción de Montero Castillo en contra de Fouillioux, la naranjita de Venancio Ramos, el foul de Chavarría a Francescoli, los 19 expulsados del Santa Laura y tantas otras historias que nos dicen una sola cosa: estos partidos se definen, de manera inolvidable, con algo que siempre está más allá del límite de la moral. Que pone a prueba nuestras convicciones y principios. Que no nos atormenta porque está en el ADN de los charrúas, para los que este juego se limita a triunfar con todas las chances en contra.

En este partido fue el gesto de Gonzalo Jara para sacar de sus casillas a Cavani. Cuando el pleito estaba aún apretado, el delantero perdió la razón ante la provocación del chileno, que sacó provecho de la inestable y lamentable condición del ariete, que sólo fue titular porque no había reemplazos a su altura. Una estrategia que inventaron en el Río de la Plata y que, seamos honestos, conocemos bien porque casi siempre nos pasó a nosotros.

Cuando pasó lo de Suárez en el Mundial hasta el Presidente Mujica  relativizó el mordisco a Chiellini. Se escudaron detrás de la patria y trataron –premonitoriamente- a los dirigentes de la FIFA de “viejos mafiosos”. Sólo para recordar el último de los incidentes, pero también para preguntarnos si suscribiremos la teoría del “todo vale”.

"Cuando pasó lo de Suárez en el Mundial hasta el Presidente Mujica relativizó el mordisco a Chiellini. Se escudaron detrás de la patria y trataron –premonitoriamente- a los dirigentes de la FIFA de “viejos mafiosos”."

Entiendo la ofuscación de los uruguayos y el afán postrero de transformar la derrota en un carnaval de injusticias, pero esta vez no puedo empatizar porque está Chile de por medio y porque su planteamiento era demasiado mezquino, incluso para Uruguay. Los fantasmas morales me han dado vuelta durante horas, porque no se puede justificar ni la provocación ni las malas costumbres, y lo que hizo Jara con su dedo no es correcto ni sano si no se está en una consulta médica.

 Pasarán los años y recordaremos este duelo por la tensión vivida, por el golazo de Isla, por la impecable actuación de la defensa chilena, por las inclementes patadas a Sánchez y Valdivia. Pero también por una avivada criolla y folclórica que, una vez más, puso a prueba nuestras buenas costumbres. El fair play, como gustaban decir en Suiza. Estamos en semifinales porque en la cancha del Nacional Chile las hizo todas. Presionó, quitó, ambicionó y marcó un gol en el momento preciso. El triunfo es irreprochable. Pero pasará el tiempo y seguiremos hablando, irremediablemente, del dedo de Jara.


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