Crédito: Agencia Uno
El bálsamo que todo lo cura

El bálsamo que todo lo cura

Como suele ocurrir en el fútbol, la victoria se transformó en el mejor bálsamo. Curó las heridas, cerró las cicatrices, amortiguó los conflictos, cohesionó al grupo.

Tras el Ferrarazo, el grupo salió fortalecido, Jadue abrazó a Vidal, la Presidente se sacó fotos con el volante de la Juve y la gente le dio un espaldarazo masivo al equipo tras el 5 a 0 contra Bolivia. Ratifica la teoría –y mi propio pensamiento sobre el tema- de que a estas alturas de nada vale la condena ni la sanción deportiva para los pecadores porque eso es lo que tenemos. Hay que asumirlo: esta generación no es madura y se descarrila con facilidad. Su mejor rendimiento, siempre, se logrará con disciplina prusiana. Punto.

Hay, como suele decirse, honrosas excepciones, y en ese sentido sólo cabe elogiar la valentía de David Pizarro y Claudio Bravo para exponer públicamente su posición. No se estila demasiado y es nadar contra la corriente, pero entienden que no gozarán de días libres y privilegios por culpa de sus compañeros que no saben establecer cabalmente los límites. Así es la vida y en todos los grupos hay que hacer sacrificios individuales por el beneficio colectivo; como suele graficarse, pagan los justos por los pecadores. Que el encierro les sea leve.

En lo futbolístico, la selección recuperó a Charles Aránguiz, Marcelo Díaz, Eduardo Vargas y Jean Beausejour frente a los bolivianos. No es poca cosa, considerando además que surgieron Pizarro y Henríquez como claras y contundentes alternativas. Chile jugó como Sampaoli quiere para esta nueva era, con posesión, rotación y equilibrios, y Bolivia debió sufrirlos. Fue una humillación, en todo caso, leve, porque los de Soria ya estaban clasificados, se sienten pagados y no aspiraban a mucho más en esta Copa.

¿Otras conclusiones? Que el público puede ser participativo sin bombos ni barras organizadas y que esta fiesta se seguirá viviendo con estruendos e interés masivo, porque –como ya dijimos aquí mismo- el sueño sigue intacto. Una vez que pasen los efluvios de la fiesta, habrá espacio para más sociología y análisis de nuestra realidad, porque ahora con el festejo basta. Chile está alegre porque la fiesta continúa. 


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