Crédito: Agencia Uno
El elefante rosado

El elefante rosado

Cuando Arturo Salah era entrenador y se le reprochaba por el nivel del espectáculo, sentenciaba, con evidente malestar: “¿No le gustó el espectáculo? Pues la próxima semana le traeremos un elefante rosado para que se divierta”.

Para el actual presidente de la ANFP las críticas por el nivel del juego no se justificaban –como para casi ningún entrenador- porque en la lógica del fútbol lo que importa es el resultado y la satisfacción del hincha no se da por la estética del juego, sino por la suma de puntos, por más que a la hora de los discursos se enfatice todo lo contrario.

Para decirlo en otras palabras, no hay nada que indigne más a un entrenador que le digan que su equipo es aburrido o que la pichanga fue fome. Es peor que sacarle la madre, porque la evaluación técnica admite matices o metáforas que permiten encubrir o disimular lo que es evidente. El Coto Sierra se mostró conforme con el empate cero a cero en Iquique señalando que el equipo mejoró defensivamente. Sebastián Beccacece valoró el resultado ante Arica porque buscamos constantemente”.

"El torneo chileno es aburrido y de escaso nivel técnico. Nos conformamos con poco, sobre todo los entrenadores y jugadores, que se esmeran por hacernos creer que lo que vemos no es real"

Convengamos que para el espectador (televisivo a estas alturas, porque al estadio no va nadie) los mejores espectáculos son aquellos plagados de errores defensivos, de “desconcentraciones” –que son las que provocan los goles- o de definiciones imprevistas. Cuando a Helenio Herrera le dijeron una vez, antes de salir a la cancha, que gane el mejor, el director técnico respondió el fútbol  se trata de todo lo contrario, entregando una lección para aquellos que andan buscando la justicia o la lógica en todo resultado.

El torneo chileno es aburrido y de escaso nivel técnico. Nos conformamos con poco, sobre todo los entrenadores y jugadores, que se esmeran por hacernos creer que lo que vemos no es real. A diferencia de todo lo que caracteriza a los deportes en otras latitudes, en Chile hacemos lo posible por darle la espalda al espectáculo, pese a que resolvimos uno de los aspectos fundamentales de nuestra historia: ahora los estadios son preciosos, pero están vacíos.

Como suele decirse, la mejor manera para mejorar es la autocrítica. Y mientras nuestros bien pagados protagonistas no asuman su deuda será difícil que algo cambie. Así como están las cosas, es probable que Arturo Salah tenga razón. Para mejorar el espectáculo habrá que llevar un elefante rosado, pero que haga malabares y, ojalá, que también cante.


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