Crédito: Agencia Uno
El empate que marcó el fin de una era

El empate que marcó el fin de una era

Aquí hubo un cambio evidente. Necesario para los tiempos que corren. Porque Chile le empató a Colombia en Barranquilla sin luces, sin someter al rival, sin presión permanente, sin verticalidad ni vértigo. Lo igualó replegado, ordenado, metido al fondo. Como hacía mucho tiempo no lo hacíamos. Para decirlo con todas sus letras, jugó a la antigua, sin pretender tirar los galones de doble campeón de América sobre la cancha.

Chile fue humilde, de overol y quizás pudo hacer algo más, pero la fortuna otra vez le dio la espalda a Pizzi y se vio obligado a hacer cambios para reparar lesiones y no para aspirar a darle un giro al partido. 

En el calor de Barranquilla pareció la fórmula correcta, aunque admito que para los de paladar más refinado, a los nostálgicos bielsistas, a los más acérrimos sampaolistas pueda parecerles un retroceso. Porque para lo que veníamos jugando como visitantes, esta vez hubo concentración, disciplina táctica, orden y una táctica más realista. A favor de ese esquema jugó la equivocación de Pékerman, que apostó por cambios de última hora resignando a Radamel y a Macnelly.

No alcanza para épica ni para cuentas fáciles, porque el Metropolitano de Barranquilla nos ha sido amable en las últimas clasificatorias y los resultados de anoche dejaron la tabla muy cerrada. Pero por sobre todo porque fue una conquista mínima para tantas bajas: Aránguiz, Bravo y Vidal serían demasiada ventaja si se quedan fuera del partido con Uruguay.

El valor de este punto se sabrá cabalmente una vez que termine el duelo contra los charrúas. Ahí la tarea será otra, contra un equipo tremendamente sólido. Habrá que romper una de las mejores defensas del mundo y controlar a un equipo temible en el contragolpe, su mejor faceta.

Por lo pronto, en la línea meramente pragmática, podemos sumar un punto que no merece reparos. No merecimos ganar, pero tampoco los colombianos podrían reclamar por un premio mayor. 

Son los nuevos tiempos, donde hay que batallar con los dientes apretados. Pékerman, James y Mina lo dijeron en los vestuarios: pensamos que Chile iba a atacar más. Hay un cierto consenso en nuestras filas para decir que era necesario un cambio en sentido contrario. Aunque pueda parecer una involución porque, honestamente, ¿hace cuanto tiempo que no veíamos jugar a nuestra selección tan defensivamente? Y a la mayoría no le importó demasiado.

 

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