El fútbol no cambiará para siempre

El fútbol no cambiará para siempre

Por lo pronto, Colo Colo habría sido campeón de la Libertadores en 1973, el país entero se habría lanzado al festejo y quizás el Golpe no sólo se habría retrasado, sino suspendido. Inglaterra no le habría ganado a Alemania en la final del 66, Maradona no habría hecho la Mano de Dios y la U habría eliminado a River cuando los jueces del VAR le hubieran enmendado la plana al ecuatoriano Rodas.

Bochardeaux igual le habría cobrado la mano a Ronald Fuentes contra Italia el 98. Y el VAR no habría impedido que Brasil nos tocara siempre en octavos de final de los mundiales. No hay video arbitraje en el mundo que pueda permitir que nuestros equipos avancen en los torneos internacionales y por eso decir que el fútbol cambiará para siempre también es exagerado y fuera de toda norma.

La mirada periodística del nuevo invento es sesgada, porque impone el criterio del relator, que anda en busca del guión perfecto para describir una emoción, y que obviamente no admite una pausa burocrática, un suspenso funcionario para rectificar o desatar de nuevo la pasión interrumpida. Es una mirada, por cierto, pero no la única. Habrá gente a la que le guste abrazarse para luego entender que fue en vano, y más aún abrazarse dos veces: cuando fue y cuando dijeron formalmente que fue. Abrazarse siempre es lindo.

Es la revancha de los árbitros, que ya no podrán venderse tan fácil, pero no importa. Allí donde antes cobrababan cuatro, a lo sumo siete (en la Champions), ahora hay otros más detrás de las cámaras, asistidos por técnicos expertos en revisar cuadro a cuadro, y eso es garantía laboral ahora y mucho más en el futuro, cuando nos tentemos en contratar el sistema para el clásico que dirime el campeonato, por ejemplo. Aunque con torneos largos es difícil que la cosa sea tan apretada. ¿Habrá sido penal el que le cobraron a Salas en El Salvador el 94?

En fin. Llegó el sistema y siempre se pensó que era para resolver los grandes temas, remediar los peores errores, echar pie atrás en las más vergonzosas chambonadas. Era como el ojo abierto de la tecnología suplantando al ojo ciego de los árbitros para equilibrar la balanza de la justicia. Pero los de la cabina del VAR se engolosinaron y se pusieron a tirar líneas y a calcular centímetros con tanto ahínco como los telejueces, en una suerte de sueño dorado del profesor Gasc o Selman.

A nosotros el sistema nos pilla en un momento especial, con una escuadra tan potente que muchas veces no necesita videoasistencia para marcar las supremacías, aunque contra los grandes habrá que ver. El otro día, ante Camerún, con diez oportunidades para marcar, fue una pausa molesta más que una instancia salvadora. Pero llegó para quedarse, para hacer menos ostensibles los robos y los errores, más entretenido el debate y más moderados los relatos. No vaya a ser que después del grito desaforado, agónico, extasiado y final haya que echar pie atrás. Y eso sí que es un cambio. 


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