Crédito: Agencia Uno
El huracán Beccacece y la era del Internet

El huracán Beccacece y la era del Internet

Sebastián Beccacece jamás jugó al fútbol profesionalmente e hizo su curso de técnico por internet. Dos razones más que suficientes para que los entrenadores chilenos —incluido, por supuesto, Arturo Salah— lo miren de reojo y cuestionen sus capacidades. Para el hermético circulo nacional, el “know how” de la profesión se da en el camarín y en el aprendizaje en cancha, lo que, seamos honestos, no nos ha dado muchos dividendos en la gestación de nuestros formadores.

La estrella del momento tras la goleada de la U a O'Higgins por 8 a 1 tuvo el peor de los comienzos antes de sentarse en la banca. Por lo pronto, demandó a la ANFP para cobrar sus sueldos y premios –los mismos  que tan aproblemado tuvieron a Sampaoli-, además de eludir el pago de la cláusula de salida, argumentando “un compromiso de palabra” con Sergio Jadue, justo en el momento en que el ex presidente comenzaba a ser perseguido por el FBI y sus propios fantasmas. Además de “pasar por encima” de los referentes del club y  Martin Lasarte por hacer la limpieza del plantel el día previo al final del torneo.

Lo trascendente hoy, en su segundo partido oficial, es la propuesta de presentación: nunca es suficiente. Concediendo que los rancagüinos jugaron un partido muy ingenuo, los azules presionaron hasta el final, lo que ya es un mérito para la competencia local, donde tanto gusta “cerrar el resultado”.

Como fiel sucesor de la escuela original de Sampaoli (previa a Juan Manuel Lillo), Beccacece apuesta al vértigo, a la gran capacidad ofensiva y a la motivación. Con un plantel muy similar al de Martin Lasarte, este equipo se vio más vertical, más ansioso, con más orden en la salida y mejores desplazamientos ofensivos.

Resta por resolver una interrogante: ¿Beccacece cree que nuestro medio obliga a ese estilo, que ya había abandonado Sampaoli en la selección o esa discusión táctica terminó por distanciarlos cuando Lillo asumió la ayudantía?

Marco Antonio Figueroa, Jaime Vera, José Luis Sierra, Mario Salas, Nicolás Córdova, Jorge Pellicer, Miguel Riffo, Miguel Ponce, Ronald Fuentes, Fernando Vergara y Miguel Ramírez son la demostración empírica de lo que no encarna Beccacece. Todos fueron jugadores de prestigio, seleccionados y formados en cancha para dirigir ahora en Primera División. Como contraste, Beñat San José (Antofagasta) y Cristián Arán (O’Higgins) no fueron futbolistas. Y Dalcio Giovagnoli, pese a jugar, no tuvo gran vuelo. La excepción es Alfredo Arias (Wanderers), quien jugó en Nacional y Peñarol (una temporada en cada uno) y en varios clubes chilenos, incluyendo Trasandino y un par de convocatorias a la selección charrúa.

Para tener en cuenta cuando el “Huracán Beccacece” se ha desatado sobre el siempre tibio panorama local.


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