El Mago y Macanudo

El Mago y Macanudo

Jorga Valdivia ha calificado de traidor a Juan Antonio Pizzi por haber firmado como seleccionador de Arabia Saudita para el Mundial, y obviamente su declaración ha despertado controversia y polémica, por ser el Mago un futbolista profesional que bien entiende que la motivación económica es lo que mueve a la actividad. Lo acusa, al igual que su compañero Esteban Paredes, de no hacer el debido luto, lo que es extraño, porque ninguno -hasta ahora- ha hecho un análisis futbolístico mayor para explicar el sonado fracaso del equipo en las últimas cuatro fechas, donde por lo demás, fueron director protagonistas. Un ejercicio que ayudaría a cerrar heridas.

Dice Valdivia, sin embargo, algo que se valora: “Pizzi no me aportó nada tácticamente”, lo que es un juicio personal y técnico difícil de encontrar en el fútbol de hoy. Una confesión honesta que escasea y que debería valorarse siempre y cuando Valdivia y sus compañeros nos ilustraran cada tanto del aporte de sus entrenadores, para tener un juicio más amplio y transparente de lo que sucede donde ya no tenemos acceso: los entrenamientos.

Pizzi entendió que debía ser leal al plantel seleccionado -que integraban Valdivia y Paredes- y los blindó. Desechó cualquier crítica en las conferencias y en el “informe final” y, por el contrario, los eximió de culpas, lo que me parece fue uno de los grandes pecados del análisis final del fracaso. A diferencia del Mago, no creo que el argentino sea el gran y único responsable del fracaso, y el respeto de los códigos que ahora rompe el colocolino debe interpretarse como algo valioso y no odioso.

Donde vuelve a equivocarse el Mago es cuando dice que la crítica a Pizzi no ha sido suficiente porque sus amigos en el periodismo lo protegen, estableciendo un análisis simplista y algo torpe que nos devuelve al Valdivia inmaduro, irreflexivo y básico. Si miráramos así el fútbol, y la vida deberíamos creer que los elogios sobre su juego -que han abundado en los últimos meses- provendrían de sus amigos, y las críticas a su comportamiento en la cancha de sus enemigos, y eso, claramente, no es así. Ver el comentario como una consecuencia del amiguismo golpea en el corazón una práctica que Valdivia, con seguridad, ejercerá en el futuro. Y el “talón de Aquiles” de quienes se convierten en opinólogos siendo ex futbolistas.

En esta mezcla extraña de referente visceral que encarna el Mago nada es tan rotundo ni tan lúcido. Al igual que Johnny Herrera, pareciera encontrar el sendero para extraviarlo muy pronto. En este capítulo las lecciones debería sacarlas el próximo seleccionador, que al igual que todos sus antecesores, deberá sopesar el enorme talento del jugador con su tendencia manifiesta a disparar sin pensar. Una característica, por lo demás, muy propia de los ídolos futboleros. 


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