Crédito: Agencia Uno
El que pestañea pierde

El que pestañea pierde

Bolivia perdió en el último minuto en La Paz, cuando buscaba afanosamente ante Colombia el gol del triunfo. Venezuela rescataba su primer triunfo ante Perú, pero en el último suspiro lo dejó escapar en el Nacional de Lima. Es la amargura de los equipos pequeños, siempre al borde de la victoria, pero que terminan rumiando la amargura.

Nos pasó muchas veces, en la época de los triunfos morales. Y puede volvernos a pasar, porque todavía no somos del primer mundo futbolístico, aunque tengamos la primera Copa en las vitrinas y tengamos carnet de la OCDE. Contra Argentina volvimos a padecer lo que antes se llamaban “las cosas del fútbol”. Se nos lesionaron dos jugadores antes de los veinticinco minutos, nos hicieron un gol cuando estábamos con diez, tuvimos dos pelotas detenidas en los últimos instantes del partido y nuestro mejor delantero las dilapidó sin pena ni gloria. Dominamos pero no ganamos; controlamos a Messi, pero terminaron festejando ellos, como en los viejos tiempos.

Para los que piden siempre el recambio esta vez Pizzi se la jugó de emergencia con Rabello y la apuesta no funcionó: tuvo que deshacer el cambio en el segundo tiempo. Cuando nos faltan los pilares de la era dorada el equipo se resiente, se daña el chip ganador, fallan los circuitos. No basta con el despliegue de Medel ni las desordenadas ganas de Alexis porque falta la potencia de Vidal, la contundencia de Vargas, la dinámica de Aránguiz y el talento de Valdivia. Sin ellos, digan lo que digan, la apuesta no es la misma.

Lo lamentó Pizzi en el arranque como lo sufrió Sampaoli en Lima, en el debut de su exitoso ciclo. No es grave si efectivamente se trata sólo de otra noche desafortunada, si todo vuelve a enrielarse contra los venezolanos en Barinas, donde seremos nosotros los que tendremos que hacer sentir el peso irremediable de la historia.

En el Nacional, contra Argentina, en la página cero de un nuevo capítulo, volvimos a la tradición más arraigada. Aquella que dice que frente a los monstruos de siempre, no podemos pestañear jamás.


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