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El secreto que cambió la historia

El secreto que cambió la historia

Aldo Schiappacasse desde Rusia

No tengo problema en confesarlo: me pasé buena parte de mi vida profesional persiguiendo un sueño inalcanzable. Quise durante más de veinticinco años encontrar imágenes del partido que el 26 de septiembre de 1973 clasificó a Chile al Mundial de 1974, al empatar con la Unión Soviética en Moscú.

Agoté esfuerzos y, a veces, recursos para contactar a productores chilenos y rusos que pudieran guiarme hasta algunos minutos de imágenes de uno de los pleitos míticos de nuestra selección, lleno de mitos y leyendas, pero siempre me topé con la misma e inentendible respuesta: “No hay”.

Hasta que en el estupendo reportaje de Rodrigo Vera para Teletrece sobre el “partido de los valientes” se supo la verdad. Los dirigentes del equipo soviético estaban enterados de que las autoridades habían dado la orden de no grabar el pleito ni transmitirlo por radio. Era, para los no enterados, un partido que se jugaba dos semanas después del golpe de estado que puso fin al gobierno de Salvador Allende y suponía un duro golpe a la primera experiencia socialista que se consolidaba en las urnas en el mundo. Era un golpe bajo al comunismo y el partido se jugaba en un contexto ingrato.

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El desafío se jugó un 26 de septiembre de 1973 en medio del Golpe de Estado suscitado en nuestro país. El juego, del que no hay registro audiovisual.

Para ambas partes. La dictadura chilena tenía convertido el estadio Nacional en un campo de concentración y tortura. Los soviéticos perdían un bastión trascendente para la expansión de su doctrina.

Oleg Blojin, la principal figura del cuadro local, confesó que “la presión era total. Nos obligaron a guardar silencio y a estar lejos de los periodistas”. ¿Por qué tanta preocupación del régimen de Leonidas Brezhnev para silenciar el encuentro? Pues la razón la da Evgeny Lovchev, uno de los jugadores de la escuadra soviética: “porque nosotros ya sabíamos que no iríamos a jugar la revancha a Chile”. Fuera cual fuera el resultado. Por eso el silencio y por eso la presión.

El capítulo, imprescindible para cerrar la historia de nuestra selección, quedó expuesto para los rusos cuando cayó el muro, se derrumbó el régimen y se disolvió la Unión Soviética. Para nosotros recién ahora, lo que no deja de ser sorprendente.

Medio siglo después tenemos la explicación, pero no las imágenes. Seguiremos alimentando el mito de que cruzamos sólo una vez la cancha, de la célebre patada de Machuca a Blojin y de las presiones de Figueroa al árbitro. Del Estadio Lenin lleno de militares silenciosos. Y de un 0 a 0 que quedó para siempre. En las estadísticas y los libros, pero no en el limbo de nuestra memoria, como la llegada del hombre a la Luna, la pelea de Godfrey Stevens o La Moneda ardiendo. Será, como en el pasado lejano, uno de esos cuentos sobre el cual no hay registro ni pruebas, y que se irá transmitiendo, de generación en generación, con el testimonio de los únicos testigos directos, que son, a su vez, los protagonistas.

Está, pero no está. Y ahora vengo a saber por qué. Un final triste. Y un muro que no cayó.


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