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El secreto del camarín

El secreto del camarín

Son jóvenes, tienen mucho dinero, gozan los beneficios de la fama y lucen –por razones obvias- gran estado físico. Aparte de eso –y de ducharse colectivamente todos los días- el grupo que conforman los futbolistas de un equipo o de la selección no me parece notoriamente diferente a cualquier otro. Los veteranos integrantes del “Caleuche”, los alumnos de cuarto año de la Escuela de Investigaciones o los mecánicos de Subus deben vivir, en la convivencia diaria, los mismos problemas que en el fútbol se escudan bajo un manto de misterio y secretismo, con el conocido eufemismo de “secretos de camarín”. 

¿Qué tanto puede pasar al interior de un vestuario que nosotros, los mortales, no podríamos comprender o compartir? Sin embargo, religiosamente, los grupos de futbolistas y cuerpos técnicos no se refieren a determinadas materias apelando a los “códigos del fútbol”. De eso no se habla, porque corresponde a la “interna”, por ejemplo. Es quizás por eso que la actividad es precisamente uno de los núcleos más cerrados en contra de la homosexualidad, que no se tolera ni se permite bajo esos mismos códigos, ni en Chile ni en el mundo.

"Ese universo cerrado y clausurado, supone uno, sirve básicamente deestrategia a los técnicos y a los líderes para “cohesionar al grupo”."

Para encapsularlo ante la amenaza externa. Para convertir a cualquiera en enemigo y de esta manera elevar las capacidades competitivas.

Dos ejemplos muy claros de esos códigos se han vivido en los últimos días. El primero en Colo Colo, donde uno de sus referentes –el argentino Julio Barroso-se mandó una declaración extrema y audaz. No sólo obtuvo el total respaldo de sus pares, sino que convirtió a ese mismo grupo de jugadores en una suerte de legión romana, inexpugnable y blindada, que arrastró consigo a Arturo Salah, al directorio de Blanco y Negro y a mucha gente más. Todo un simbolismo, en todo caso, que para hablar de “arreglines y conspiraciones” el grupo entero decidiera juntarse en las oficinas de Larraín-Vial. Como para demostrarnos que esas prácticas no son sólo futboleras, lo que se agradece.

El otro grupo humano que se puso de moda fue la selección, donde los referentes se pusieron de acuerdo para que algunos recibieran premios y los otros no. Los que cobraron son los más frecuentes, los que militan en el extranjero, los que más ganan.

Como única defensa el capitán, Claudio Bravo, ha explicado una y otra vez, que la “decisión la tomó el grupo”, aunque todos sabemos que fue, necesariamente, sólo una parte del grupo. La que más poder tiene y que en cualquier pega u oficina es conocida como “los cabrones”. Y que actuó esta vez movida por principios más básicos y terrenales que los códigos del camarín. Por codicia, como actúan la mayoría de los grupos humanos. Los que viven en un camarín y nosotros, los que no habitamos el mundo de los dioses. Porque, secretos o no, al final somos todos iguales, por desgracia o fortuna.


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