Crédito: A. Uno
Universidad Católica

En medio de la vergüenza, la UC arrugó de nuevo

Fracasó el Gobierno. Fracasó Estadio Seguro. Fracasaron –y de manera estruendosa- los Carabineros. Fracasó la nueva Ley de Violencia en los Estadios. Fracasaron (por ineptos, cobardes e irresponsables) los dirigentes del fútbol y de las Sociedades Anónimas. Fracasamos todos los que queremos al fútbol y que ahora tenemos que llorar nuestra derrota, porque hemos sido derrotados por hordas minoritarias pero violentas que nos condenaron al peor domingo de la historia. 

El panorama es desolador y triste, pero a la hora de hablar de fútbol el fracaso de la Universidad Católica es peor. Obviando el hecho de que su hinchada más violenta obligó a interrumpir el partido con Audax antes del final, destrozando el estadio en un acto de vandalismo, vergüenza y frustración, el principal bochorno cruzado es la forma en que regaló este título, incrementando un estigma que arrastra por años y que se empecina en refrendar. Universidad Católica arruga cuando debe mostrar su capacidad.

La escuadra de Mario Salas tuvo dos opciones para arrebatarle el liderato a los albos y fallaron. Tras el empate frente a la U, el técnico lanzó una arenga tan osada como incomprensible: "este punto es el que nos dará el campeonato", dijo.

"La fama de segundones y, lo que es peor, de arrugones es un calvario sin salida para los cruzados, que esta vez no tienen argumentos para culpar a terceros de su fracaso"

Pero en la última jornada, presa de los temores y pesadillas de siempre, disponiendo de un penal a favor y del dominio incontrarrestable en la cancha, los cruzados vivieron una pesadilla similar o peor a la que se arrastra desde "la maldición del cotillón" de la era Pizzi. Le entregaron el título en bandeja a Colo Colo, que esperaba en el vestuario de Valparaíso confiado en el fantasma permanente de la UC.

La fama de segundones y, lo que es peor, de arrugones es un calvario sin salida para los cruzados, que esta vez no tienen argumentos para culpar a terceros de su fracaso. Tuvieron todo para terminar con la sequía de títulos, pero no supieron aprovechar las opciones para depender de si mismos y en la instancia clave, paralizados por sus propias incapacidades, fracasaron miserable y estrepitosamente.

En esta hora aciaga para el fútbol chileno la directiva de la UC tiene una triple tarea: analizar su papel en la crisis directiva, mirar su propio prontuario de violencia y volver a enfrentar la peor de sus cruces, que ya no es sólo la burla del resto, sino la decepción de su propia hinchada. Para decirlo elegantemente, están condenados por su propia maldición. 


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