Crédito: A. Uno
Arturo Salah

¿En qué se parecen Arturo Salah con Patricio Aylwin?

Arturo Salah, en la encrucijada del destino, querría hacer un gobierno reformador, de profundos cambios, revolucionario en los aspectos técnicos, purificador en los procedimientos. En su discurso, “hacer un nuevo fútbol” no es mera fraseología.

Pero Arturo Salah, el hombre que conoce todos los recovecos y senderos ocultos de la actividad, no lo hará. Porque no puede. Y también porque no quiere.

Lo primero que corresponde después de su elección como nuevo presidente del fútbol chileno es bajar las expectativas. No habrá investigaciones a fondo, no se procesará a todos los responsables ni se colgará en la plaza pública a quienes –en sus propias palabras- llevaron al fútbol chileno a la peor crisis de su historia. En este punto cabe aclarar que si ganaba la lista de Milad plantear esa posibilidad habría provocado risotadas en la Asamblea, por lo que la entronización de don Arturo es un acto de equilibrio político, una resignada invocación de “las cosas en la medida de lo posible”.

"Podrá haber cambiado la directiva, pero no los electores, que son los mismos que reverenciaban el paso de Sergio Jadue hace un año atrás"

Usted, como espectador, no debe olvidar dos cosas: podrá haber cambiado la directiva, pero no los electores, que son los mismos que reverenciaban el paso de Sergio Jadue hace un año atrás. Como uno intuye que el desconocimiento de lo que pasaba es más viveza que tontera, no serán los dueños de las sociedades anónimas los que marchen con antorchas encendidas por los pasillos de Quilín, porque en la guillotina deberían caer casi todos, y esa no es la idea.

La segunda es que Salah entiende que en sus ideas no son bien recibidas por los dueños de clubes, que se sentían cómodos en el sistema anterior, sin advertir que al advenedizo que pusieron obligadamente como presidente la codicia no le hubiera quemado las manos. Y que para introducir algunas mínimas ideas renovadoras requerirá de más muñeca que garrote.

Para los que conocemos al personaje y a quienes lo ungieron, lo que vendrá será un largo cabildeo, muchas comisiones y asesorías para finalmente conceder las medidas que apunten “al bien de la actividad”, que no es otra cosa que cambiar para que nada cambie, en el mejor sentido de la palabra, obviamente.

"No habrá, por ejemplo, más corrupción flagrante, pero no habrá condena al proceso anterior"

No habrá, por ejemplo, más corrupción flagrante, pero no habrá condena al proceso anterior. No habrá malabarismo financiero, pero no habrá transparencia absoluta. Ni pensar en política de puertas abiertas, pero aire fresco entrará por la ventana.

En otras palabras, no habrá animo de ajusticiar, porque la idea es “mirar hacia adelante”. Por eso, para los no iniciados, la escena del traspaso del mando puede haber parecido irreal: la directiva anterior –que debería ser severamente investigada- presentó entre abrazos y loas a sus sucesores. Los derrotados –que anunciaron impugnaciones como desesperada medida- fueron conminados a sumarse al esfuerzo de “levantar la actividad”. Y, como suele ser costumbre, podemos colegir que el día del gran cambio, “el fútbol salió fortalecido”.

Y todos sabemos lo que eso significa.


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