Crédito: Agencia Uno
Guede quemó las naves

Guede quemó las naves

Como el tiempo pasa rápido y la memoria futbolera es corta, se nos olvida que Pablo Guede fue la apuesta de Colo Colo a una crisis directiva. Como el Coto Sierra se fue sin hablar y al plantel albo lo tienen con la rienda corta, habrá que refrescar: había coincidencia en que faltaba inversión en figuras de cartel, que los referentes están muy maduros, que había choque de procedimientos en la parte técnica y que había un divorcio entre lo que producía el equipo y lo que demandaba la gente.

Los cortocircuitos internos entre jugadores-cuerpo técnico y dirigentes se solucionaron rápido. Guede era la carta de Mosa, la expectativa silenció las críticas, los jugadores sintieron que ganaron la pulseada con el Coto y la promesa de una “revolución” siempre será válida para alimentar al pueblo.

"¿Era Guede el hombre indicado para la transformación? Todo parece indicar que sí: es audaz, vertical, carismático y convencido. Está por verse aún si tendrá el coraje de “tocar” a los más experimentados"

De una cosa no hay dudas: el cambio se produjo. Este Colo Colo no juega igual al otro Colo Colo. Hay una apuesta ofensiva evidente y nadie podría discutirlo. Por eso mismo, los vociferantes que “se dormían” con el esquema anterior deben administrar la paciencia: aquí está lo que querían, aunque obviamente mal ejecutado. Tendrán que esperar para el juicio terminal. ¿Era Guede el hombre indicado para la transformación? Todo parece indicar que sí: es audaz, vertical, carismático y convencido. Está por verse aún si tendrá el coraje de “tocar” a los más experimentados, que podrían ser los damnificados con el nuevo estilo, ya sea por falta de dinámica o simple convencimiento. No tiene, en todo caso, demasiado material si quiere reemplazar a Barroso, Fierro, Villar, Valdés o Paredes, para mencionar a los caciques, porque la plata se gastó en el mesón de los saldos y oportunidades.

Es fácil proclamar el fútbol ofensivo, el sometimiento, el protagonismo, la agresividad. El discurso que consolidaron Bielsa y Sampaoli demostró que requería ejecutantes precisos, trabajo específico, convencimiento total. No basta con la idea ni la intención ni las rémoras de los cuerpos técnicos que encabezaron esa filosofía. “Quemar las naves” es una declaración formal que siempre requiere estar amparada en un plan consistente para abordar al adversario, so riesgo de terminar quemado o en el agua.

Guede hasta ahora tiene el discurso, la intención, el respaldo. Le falta dar con los ejecutantes adecuados, lograr la adhesión del grupo y lograr una cuota de sorpresa e improvisación que avalen la audacia de su planteamiento. Y requiere moderar la desenfrenada búsqueda de un sello personal que vaya por sobre la eficiencia de un esquema. El personalismo desmedido de los mentores de su estilo se construyó sobre los triunfos, y no sólo de la convicción o la autoreferencia.


Lo más visto en T13