Crédito: Agencia Uno
Jorge Valdivia, Mandrake y el Mesías

Jorge Valdivia, Mandrake y el Mesías

Le preguntaron –aunque usted no lo crea- a Jorge Valdivia si creía ser el Mesías de Colo Colo. Y el Mago contestó que le gustaría serlo, pero que entendía que la salvación era un tema colectivo, lo que supone, por ende, la ayuda de diez apóstoles, si dejamos fuera a Judas (el Sapo que tiene a mal traer a Guede) y a uno más, que determinará el técnico.

El pobre Valdivia asume que no sólo será la salvación de los sponsors, de Mosa, de Guede y del solitario Esteban Paredes, sino de la sufrida hinchada alba que tuvo que ver como los azules celebraban el título bajo el aura mística y el discurso profético de Hoyos. Y si esta noche sale a la cancha en procesión, con cantos y hojas de palma lo entenderíamos como la búsqueda de una tabla de salvación para un club que se ha especializado en construir el cadalso, hacerle el nudo a la soga e invitar al verdugo de su propia ejecución con las tonteras que se ha esmerado en hacer públicas en su gestión reciente.

Plantar ruda, rociar agua bendita en la banca, bañar el camarín de vinagre y contratar a un gerente técnico invisible y mudo han sido algunos capítulos técnicos insoslayables del último tiempo. Ni hablar de cómo manejaron y resolvieron el tema del arquero. Y que, por primera vez en mucho tiempo, la suerte del principal accionista y controlador de la sociedad esté amarrada a la suerte del técnico es otra joya con que nos regalan en Blanco y Negro, esa entelequia izquierdista creada por Mosa y la Corporación, donde el todopoderoso Leonidas Vial, el hombre fuerte de la Bolsa de Valores, ha quedado minimizado y humillado como pocas veces en su existencia.

Instalados aquí, con el fracaso del torneo anterior sobrevolando Pedreros y con la soberbia de muchas declaraciones desafortunadas en el archivo, Valdivia no sólo es el Mesías, sino también Mandrake, su colega mago. No será tan difícil enmendar rumbos en la cancha, supongo, con un plantel altamente calificado, pero lo difícil es llevar cordura a una institución desquiciada hace rato y consumida por sus propios afanes protagónicos.

No será Valdivia un Mesías que destruya el negocio de los mercaderes, por supuesto. Pero es el hombre indicado para devolver la fe a una feligresía hastiada y enojada por tanta mentira y desatino del último tiempo. Ya con eso, su misión en la Tierra está cumplida.


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