Crédito: A. UNO
La epopeya de un chico; la humillación de un grande

La epopeya de un chico; la humillación de un grande

Para mí el título de Cobresal fue realidad gracias a tres imágenes imborrables.

Cuando Dalcio Giovagnoli levantó la Copa en el Estadio El Cobre. Ante 4 mil personas que parecían escasas ante la inmensidad del recinto (con capacidad para más de veinte), pero que eran una multitud para El Salvador, un campamento minero que apenas se alza sobre las seis mil almas.

Cuando Franklin Lobos, el más genuino de sus hinchas, nos contó llorando desde Copiapó que se había acordado de la sonda milagrosa que lo descubrió –junto a otros 32 mineros- en el inescrutable corazón de la montaña en Atacama, justo en el momento en que el árbitro pitó el final del partido y él pudo finalmente cerrar los ojos para festejar. De todos los jugadores que han defendido la divisa nortina, Lobos es el más auténtico, el más cercano, el verdadero símbolo del espíritu minero.

"De todos los jugadores que han defendido la divisa nortina, Lobos es el más auténtico, el más cercano, el verdadero símbolo del espíritu minero."

Y cuando John Carlin me envió una foto con la camiseta de Cobresal desde Londres, devenido en un hincha más de los campeones. El autor del “Factor humano” (la historia de cómo Mandela logró unir a Sudáfrica gracias al rugby) universalizó la gesta, utilizando, claro, el símil de David contra Goliat en su masiva columna “El córner inglés” en el diario El País.

Desde el pitazo final del juez Ulloa la épica de la victoria llenó los medios. Los relatores, agónicos, se lo dedicaron a los sufridos mineros y a las víctimas del aluvión. Los jugadores a sus familias, siempre lejanas, siempre ausentes, siempre distantes por las particulares condiciones que ofrece El Salvador. Y los estadísticos a números irrebatibles: los campeones les ganaron a todos los que debían ganarle.

Futbolistas chilenos felicitan a Cobresal por su primer título

Cuando pase la borrachera habrá que aterrizarlo todo. Cobresal será representante chileno en la Copa Libertadores del próximo año, y habrá que conseguir recursos porque con lo que tiene no le alcanza.

Habrá que pensar en cómo retener a los jugadores que lo llevaron el título, con un presupuesto que es  escaso. Y volver a un tema que nunca es grato, desde el momento mismo de su creación: ¿qué pasará el 2021, cuando de acuerdo los planes de Codelco haya que revaluar la continuidad del yacimiento y, por ende, del equipo al que cobija?

Habrá que tener la mente fría, obviamente. Al igual que los hinchas de Universidad Católica que a esta hora mastican otra humillación. Pero eso, créanme, da para un capítulo aparte.


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