La maldición de la tortuga

La maldición de la tortuga

Como ya pasó frente a Brasil, la victoria nos llegó como algo normal, lógico, que responde a una manifiesta superioridad de la escuadra de Sampaoli ante un rival que sucumbió sin apelaciones. Pero, acorde a los nuevos tiempos, nos quedamos con gusto a poco.

Ganamos y merecidamente, pero hay que hacer dos precisiones. La primera es que Perú ayudó como siempre en los últimos tiempos. La absurda y torpe expulsión de Cueva fue determinante. Y pocas veces he visto a Chile buscar más inteligentemente y con tanto ahínco el gol que cuando el rival se quedó con nueve hombres tras la lesión de Carrillo en los minutos finales del primer tiempo.

Allí llegó el 3 a 2 que fue clave para el desarrollo del partido. Esta vez no hubo una lectura táctica del rival ni una “corrección” desde la banca, sino una monumental metida de pata del adversario que dejó abierta la opción a la victoria. Cuando los chamanes envolvieron una tortuga con la camiseta chilena no sabían lo que estaban haciendo.

"Esta vez no hubo una lectura táctica del rival ni una “corrección” desde la banca, sino una monumental metida de pata del adversario"

La segunda es que, en una clasificatoria estrecha como será esta, parece razonable buscar una diferencia de goles adecuada cuando las oportunidades las están dando. Y eso no pasó en el segundo tiempo, cuando hubo una enorme posesión, pero una pasmosa falta de efectividad y profundidad. De hecho, los cambios de Sampaoli esta vez fueron a controlar a los dos hombres más peligrosos del rival –Farfán y Guerrero-, y para hacer un par de guiños cariñosos  que apuntando a aprovechar la ventaja numérica.

Será el efecto de los nuevos tiempos, de la confianza en los medios propios, del acostumbramiento a la victoria, pero quedamos con gusto a poco, increíblemente. Tan apabullante fue la diferencia que el 4 a 3 suena a desperdicio, a una angustia que no merecía el equipo, que buscó motivación, entendemos, en el abucheo inicial del himno y en una rivalidad que esta vez terminó en decepción y sometimiento en las tribunas. No hubo tiempo para la ilusión de los hinchas del Rimac.

Varias cosas para puntualizar. Fue manifiesto en el primer tiempo que Alexis jugó inspirado, pero también mosqueado. Algo le pasa porque se amurra con frecuencia y sería bueno saberlo. También es evidente que el esfuerzo de Arturo Vidal –como en el Mundial- es monumental, pero que resiente su rendimiento y su futuro.

"Lo de Eduardo Vargas es increíble: su romance con el gol jugando con la camiseta de la selección, no parece tener techo, como tampoco la seguridad que entrega Gary Medel"

Es vital, pero no al nivel que se espera y una recuperación urge, aunque las necesidades de la Roja y el Bayern la posterguen. Y, finalmente, lo de Eduardo Vargas es increíble: su romance con el gol jugando con la camiseta de la selección, no parece tener techo, como tampoco la seguridad que entrega Gary Medel.

Es raro, pero es así. Ahora ni las victorias en Lima nos dejan conformes. Estamos, para nuestro solaz, siempre pidiendo más.


Lo más visto en T13