Crédito: Agencia Uno
La mamá de Frascarelli (la historia futbolera más linda del día)

La mamá de Frascarelli (la historia futbolera más linda del día)

-Tenemos un nuevo llamado en línea. ¿Quién llama?

-María.

-Dime, María. ¿Por qué llamas?

-Yo creo que Peñarol no va a ganar mientras tengan a Guruceaga en el arco. Está Frascarelli de suplente, pero él es un golero titular, con experiencia. Y siguen con Guruceaga en el arco mandándose macanas y macanas y macanas. Lo salva la defensa. Guruceaga ya fue, no va más. Habrá sido muy buen golero; para la tercera o la cuarta será muy buen golero, pero no para la Primera.

-¿Usted es hincha de Peñarol, María?

-Sì, lo soy. Pero además tengo un hijo jugando en el club…

-¿Sos acaso la mamá de Frascarelli?

-Sì, lo soy. Pero decime…¿acaso no tengo la razón?

Un llamado telefónico cualquiera a la Radio Sport 890 de Uruguay nos trajo la historia más bonita del día. Justo en este día en que el ánimo era escribir una columna sobre la ineptitud de las fuerzas policiales, de la frescura desatada de la Intendencia y Estadio Seguro, de la incombustible cara de palo de los dirigentes para no aceptar sus fracasos en el control de las barras bravas y en una nueva jornada de Copa Libertadores (¡con 40 mil personas en el Monumental!) para ver el muy buen partido entre Colo Colo y Atlético Mineiro, empañado otra vez por los impresentables problemas creados a la gente para ingresar al recinto.

Hoy tenía ganar de escribir irritado en contra del coronel de Carabineros Rodrigo Muñoz, a cargo del operativo, quien trató a toda la gente de “lumpen” y culpó de los problemas…al público asistente, por no irse antes al estadio. Me habría encantado criticar la actitud de avestruz de Claudio Orrego para esconder la cabeza cuando pasan estas cosas y sacarlas para anunciar, con estridencia, lo único que parece preocuparle cuando se habla de la seguridad en los estadios: el retorno del bombo. Contra Aníbal Mosa, que para ahorrarse unos pesos no habilitó todas las puertas del estadio. Y contra este sistema pelotudo llamado Estadio Seguro que nos tiene cada día más frustrados e indignados.

En eso estaba, juntando rabia, cuando apareció la historia de la mamá de Frascarelli, que llamó a una radio –sin ocultar su identidad- para pedir públicamente que su hijo juegue de titular, sin dudar en menoscabar a quien hoy ocupa ese puesto. Amor de madre en su estado más puro para un arquero al que conocimos en Chile defendiendo sin fortuna el arco de Ñublense hace algunos meses, sin que se recuerde que su madre haya intervenido en la aciaga suerte del equipo.

Frascarelli tuvo que pedirle disculpas a Guruceaga vía Twitter, agregando, con muy mala leche, que no puede “hacerse cargo de lo que dice su madre”. Que levante la mano el que no ha vivido una situación igual, avergonzado por el cariño extralimitado de su progenitora, en el colegio, en el club de barrio, en el trabajo.

El fútbol se ennoblece con historias como la de la madre de Frascarelli. Y se enturbia, se ensucia y se empobrece con la ineficiencia de todos aquellos que, con alevosía, se empeñan en hacerlo más triste, más violento y más lejano.


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