Crédito: Agencia Uno
La marcha de los viejos estandartes

La marcha de los viejos estandartes

Colo Colo quedó eliminado sin apelaciones ante Atlético Mineiro y, al mismo tiempo que el volcán Calbuco sorprendía con una erupción tan violenta como llamativa, el fútbol chileno se quedaba otro año sin representantes en la Copa Libertadores.

Lo más llamativo de la derrota de los albos –que fue precedida por otra humillación para la U en Ecuador- fue la escasa lucha ofrecida. Se podrá decir que las ausencias eran muchas, pero los brasileños enfrentaron a un cuadro que no ofreció resistencia y que acusó una falta de reacción lamentable. Pudo haber sido mayor, pero en Belo Horizonte, la ciudad maldita del fútbol chileno, los pecados de Héctor Tapia se pagaron muy caro.

Personalizamos, lo que nunca es bueno, porque llegó la hora no sólo de hacer un balance, sino de opinar frente a la renovación de contrato del técnico albo, que este semestre obtuvo más triunfos fuera que dentro de la cancha. Tito se limpió de adversarios al interior del club, y vio como Arturo Salah y Juan Gutiérrez abandonaban la institución, al paso que Aníbal Mosa –un aliado incondicional- e Iván Zamorano asoman como sus interlocutores a la hora de planificar el futuro.

Negocio riesgoso, porque Tapia se jugó cartas osadas y perdió la mano. Contratar a viejos conocidos (no es sólo un decir) como Humberto Suazo, Claudio Maldonado, Luis Pedro Figueroa, Jean Beausejour y Jaime Valdés le dio frutos para conseguir la treinta, pero en dos torneos sucesivos falló en las instancias claves y en la Libertadores no le dio el fuelle para romper la historia alba de la última década.

Los albos no sólo deberán invertir fuerte para rejuvenecer el plantel y darle matices, sino que deberán hacer una limpieza que comprometerá a símbolos del club. De partida, si se concreta la llegada de Zamorano, el ex goleador deberá “transparentar” sus prioridades: un gerente técnico no puede ser comentarista ni empresario de jugadores porque hay un evidente conflicto de interés. Y luego, Aníbal Mosa, con todo el poder en sus manos, deberá abrir una brecha en la cercana relación que tiene con el cuerpo técnico y el plantel porque se requiere autocrítica, límites más claros y una autoridad que en el último tiempo se fue difuminando mientras el poder de Tapia crecía.

El término de este ciclo de Leonidas Vial y Arturo Salah tuvo en el balance a la trigésima y poco más. Los valores jóvenes que se promocionaron (Luis y Esteban Pavez, Claudio Baeza y Juan Delgado) aún no son exportables. La política de contrataciones impide una recaudación significativa y la lógica es que Mosa se meta la mano al bolsillo para potenciar al club, salvo que estén dispuestos a vender a buen precio a Barroso, su mejor figura que arrastra un pecado difícil de borrar. Pero no está claro cuáles serán las prioridades futbolísticas y el paladar para elegir.

En Belo Horizonte, la ciudad maldita, se cerró un capítulo para los viejos estandartes. Lo que se abrirá es todavía toda una incógnita.

               

                 


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