Crédito: Agencia Uno
La muñeca y el día más caluroso del siglo

La muñeca y el día más caluroso del siglo

Colo Colo se consagró campeón de la Copa Chile, ganó pasajes a la pre- Libertadores, empujó el proceso de Pablo Guede (quien jugó casi un tercio del campeonato con equipo de suplentes) y suavizó el análisis de la hinchada para un proceso que aún arroja muchas dudas. Para el medio local, este equipo marca diferencias, sobre todo cuando los veteranos de su plantel están enchufados, pero como la realidad ya mostró, requiere de una dinámica distinta en el plano internacional, y no está claro que ese giro puede hacerse en el breve plazo.

Yo, que como me enseñó Guede fumo bajo el agua, creí ver, en todo caso, en las lesiones de Paredes y Martín Rodríguez una señal de que los albos no quieren contaminar la pretemporada con la convocatoria a la China Cup. Si la presencia del veterano jugador ya resulta incomprensible en una selección que busca recambio, su advertencia de que “habría que ver lo del viaje a China” suena otra vez a una automarginación.

Más grave fueron las palabras de Mosa, quien consultado sobre si el club iría a la Florida Cup dijo “lo conversaremos mañana con los muchachos”, en una señal de que la voz del plantel todavía tiene mucho peso en las decisiones del club, por más que hasta hace poco se trataba de bajar la influencia del vestuario.

Mientras el país hablaba de muñecas inflables, de incendios y de desbocadas precandidaturas presidenciales, la ola de calor cayó de lleno en La Cisterna, donde Carlos Heller enfrentaba a la prensa para anunciar que el ciclo de Victor Hugo Castañeda llegaba a su fin. En medio de enormes contradicciones, como ha sido la tendencia de la actual administración de Azul Azul. Clasificados de carambola, pero clasificados al fin y al cabo, lo que correspondía era respetar el acuerdo tantas veces cacareado, pero el factor Johnny Herrera precipitó el cambio.

Tratando de asumir a los gritos su liderazgo, el timonel azul trató al arquero de “cabrón” y de “vaca sagrada”, tirando un leño más a la hoguera que, a punta de medidas incomprensibles y experimentos disparatados, este año se desató sobre el club universitario. Acusó a los futbolistas de falta de autocrítica, pero no se le escuchó ningún arrepentimiento sobre sus pocos errores. Por el contrario, dijo que cuando ganaban era gracias a los jugadores y cuando perdían culpa del entrenador y de los dirigentes, lo que derechamente es tirarse un salvavidas para expiar sus culpas. Torpedear al referente del club que jamás fue contenido cuando sus palabras iban hacia los rivales o sus propios compañeros, parece un acto autoritario incomprensible si se toma en cuenta lo mucho que se le festejó el estilo cuando iba en beneficio propio.

En la frenética danza de las clasificaciones, hay que proyectarse un poquito más. Desde Iquique, que irá a la fase de grupos sin saber aún dónde jugará sus partidos, hasta la UC, que no pudo ni hacer el amago de lucha cuando los mexicanos le arrebataron a Castillo, la joya de la corona. En el verano caliente que estamos viviendo, el fútbol, como dirían en la Asexma, requiere de algunos incentivos.


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