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La noche en que fuimos monos

La noche en que fuimos monos

Démosle a Juan Antonio Pizzi –tan vilipendiado en esta Copa Centenario- el mérito de haber confiado en Eduardo Vargas, pese a todas las señales que pesaban en contra, incluidas las dudas que había sembrado el propio entrenador, que proclamó el imperio del nueve neto, de área, especialista.

"Reencontramos el gol perdido y ahondamos los problemas en la retaguardia, lo que es un llamado de alerta frente a México"

En el discurso del técnico, el goleador de la época Sampaoli tendría que batallar por el puesto, y su instinto emergió en el instante preciso para corregir la chambonada inicial de Gonzalo Jara y Claudio Bravo, que obligó a remar contra la corriente frente a los panameños. Y relativizó la mocha callejera que los jugadores de la Roja protagonizaron al término de la primera etapa, con reproches mutuos por los errores cometidos. “Aprende a jugar, que te preocupas de mi, mono c....”, fue la finita expresión de Alexis hacia un compañero (aparentemente Jara) cuando la sangre llegó al río.

Para hacerlo simple, reencontramos el gol perdido y ahondamos los problemas en la retaguardia, lo que es un llamado de alerta frente a México, un equipo que no perdona. En esa misma tendencia –la de las fallas absurdas- la tarjeta amarilla de Mauricio Isla que lo priva de jugar el próximo encuentro.Además, con las inseguridades de Bravo se pierde una dosis de liderazgo necesario para aceitar las relaciones internas.

"Con las inseguridades de Bravo se pierde una dosis de liderazgo"

Salvado el primer escollo, ahora la tarea de Chile será instalarse entre los cuatro mejores del certamen, pero sobre todo, de encontrar el funcionamiento justo para tranquilizar a los más ansiosos. No hablo ni de los hinchas ni de la prensa, sino de un plantel que se pierde en los recovecos de la rencilla, el reproche, la queja.

Lo extraño del juego en el Lincoln Field de Filadelfia fue esa sensación de precaria estabilidad que genera este equipo, ya curtido en mil batallas y con un conocimiento tan profundo de sus capacidades. Pizzi no logra hacer escuchar su voz y todo queda entregado a la expresión a veces desbordada de un plantel díscolo, que además libra un gallito con la directiva por la eterna lucha de los premios.

"Pizzi no logra hacer escuchar su voz y todo queda entregado a la expresión a veces desbordada de un plantel díscolo"

Instalados entre los ocho mejores del continente, vale una reflexión general sobre el torneo. Mezclar a los de la Concacaf con los sudamericanos parece una idea rentable, pero mala deportivamente. Jamaica, Haití, Costa Rica y Panamá se fueron a casa con la canasta llena y sin demostrar el por qué estaban en el calendario. Y las eliminaciones de Brasil y Uruguay son justificadas, pero dolorosas para la competencia, donde ahora no sirven los ensayos ni las dudas. Hay que ir por la victoria, pese a las interrogantes que nos deja, siempre, este proceso que avanza. Pese a todo.

 


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