Crédito: Agencia Uno
La tele lo dijo

La tele lo dijo

“¿Estás seguro de que fue mano?”, dice Jorge Osorio, temeroso de la pregunta y de la respuesta.

Rafael Troncoso, el cuarto árbitro, le contesta con dramática simpleza: “La tele lo dijo”. Y entonces el Juez da pie atrás y anula el gol de Carlos González que apenas unos segundos antes había validado, interpretando que Leonardo Povea no había tocado la pelota con la mano en el origen de la acción. Después de eso Angelo Sagall tuvo tiempo para sacar el centro que el paraguayo conectaría en el área para decretar el empate de Huachipato. Vinieron luego los reclamos de los temuquenses porque lo que se estaba jugando era mucho más que un gol, eran los puntos en la tabla acumulada.

Si lo importante es la justicia, sin importar el cómo, habrá pues que decir que se hizo justicia. La jugada estaba viciada, Osorio no se percató –o juzgó mal- y lo que hizo Troncoso, mucho después, fue enmendar un error. Es más, Osorio, ya consumados los hechos y cuando los reclamos eran acereros, se acerca al infractor y le pregunta si le pegó con la mano. Y Povea contesta cualquier cosa, menos lo que le preguntaron.

El problema es el procedimiento. Ni Osorio ni sus dos guardalíneas ni Troncoso vieron la infracción. Al cuarto árbitro alguien le avisó, mucho después, que era mano. No sabemos quién, pero pudo ser el reportero de cancha del CDF, un productor, un camarógrafo, un pasapelotas o cualquiera que haya tenido acceso a un televisor. Pudo haberlo mirado en el monitor el propio Troncoso, pero entonces no habría dicho “la tele lo dijo”.

De haberlo visto con sus propios ojos, el árbitro soplón habría espetado “fue mano”. O “la embarraste”. O “anula ese gol”. Pero dijo “la tele lo vio” y es en la semántica donde me enredo, porque la tele –el aparato, el monitor, la pantalla- no lo pudo haber dicho. Y menos a Troncoso, a quien alguien se lo sopló en interpósita representación del CDF. Y el cuarto juez, asumimos, se lo creyó. En buena, porque mano había.

Recién ahí, una vez que la “tele se lo dijera”, le avisó a su colega para que anulara el gol. Y Osorio tuvo, otra vez, que hacer fe, porque a Troncoso alguien le había dicho y había que creerle. El árbitro no se iba a poner a cuestionar la veracidad de los dichos de su ayudante, porque era impropio inquirir quién, específicamente, se lo había dicho. “¿Quién te dijo, Rafael?”, tendría que haber preguntado Osorio. Y ahí era más difícil contestar “la tele”, porque lo habrían creído un loco. “El pelado que está sujetando los cables, allá”, podría haber sido una respuesta válida y, en ese caso, Osorio habría dudado.

Pero no. Aquí nadie dudó. Y anularon el gol sin más vacilación. En el primer tiempo todos estos caballeros habían invalidado un gol de Cris Martínez para Temuco. Cabezazo impecable y bien habilitado que se murió por una banderola arriba. Y ahí la tele nada dijo; se quedó callada.

Alguien tendrá que explicarnos cuando dejaremos que la tele hable y cuándo la dejaremos callada, porque el asunto es complejo, hay un debate sobre la tecnología y se vivió áspero en el Mundial de Clubes. Allí había muchos monitores, intercomunicadores, jueces electrónicos y se equivocaron igual. Acá habló la pura tele y le achuntó medio a medio. Quizás ese sea el camino.

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El cuadro de La Araucanía se impuso por la cuenta mínima en el Germán Becker, con gol de Miguel Aceval a los 25, en duelo pendiente por la primera fecha.

 


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