Crédito: AFP
Las mujeres llegan al fútbol

Las mujeres llegan al fútbol

Fatma Samoura, la senegalesa que fue nombrada Secretaria General de la FIFA, jamás trabajó en el fútbol. No se le conoce fanatismo por algún equipo, ni ídolo reconocido. No figuraba en los libros de los expertos hasta que Gianni Infantino, el cuestionado sucesor de Joseph Blatter, la designó en reemplazo de Jerome Valcke.

Fatma habla inglés, francés, español e italiano y trabajó durante 21 años en las Naciones Unidas, especializándose en los programas de alimentos, lo que la puso al frente de varias operaciones de emergencia en distintas latitudes. Infantino dijo que era “la más calificada” de todas las personas que entrevistó, pero su gesto fue interpretado como una apertura para garantizar transparencia y buenos procedimientos, que requieren de gente que venga de afuera, no contaminada, que represente además una nueva mirada, diversa.

También hizo historia Sol Muñoz, una joven abogada ecuatoriana, fanática del fútbol, casada y con hijos, que fue presentada por Ecuador como la primera mujer en la historia que integrará el Consejo de la Conmebol y que representará a este organismo, junto al uruguayo Wilmar Valdez, en la FIFA. Otra señal de renovación y nuevas miradas.

¿Y Chile? Pues sabido es que el Consejo de Presidentes se renueva poco, y que hay casi tantos palos blancos como reales mecenas sentados en los sillones del Consejo. Casi todos veteranos experimentados, que arrastran consigo el peso de haber votado casi unánimemente por Sergio Jadue en las elecciones del 2014. Ninguna cara nueva, disidente, con liderazgo y deseos de cambio real.

¿Hay mujeres? Sí, dos de 32, lo que no es poco para cómo se dan las cosas. Jessica Uribe, una joven asistente social que fue reina de Puerto Montt en 1997 y que está a punto de hacer historia si es que su escuadra logra superar a Everton en la definición para subir a Primera División. Jessica es fanática del club, no tiene problemas en ponerse la camiseta y tuvo un público romance con Tomás Salazar, delantero de su equipo.

En Iberia la presidenta es Ana Bull, quizás la más misteriosa de todos los timoneles del fútbol nacional. Jamás ha ido a un consejo de presidentes, no se le ve mucho por el estadio, su última entrevista la dio hace tiempo para un periódico local para asegurar…que se institución era inviable. Paradójicamente es la única que ha presentado un balance que tiene números azules y que supo –dicen- recortar costos para mantenerse a flote. Lo poco que se sabe de Anita es que es funcionaria de Bethia, la empresa del anterior presidente del club, Carlos Heller, quien se ha empeñado en negar cualquier vínculo con el actual equipo, sin que se le crea demasiado: casi todos los directores son de su corral, incluyendo el piloto de su avión.

A Ana Bull no se le conoce ídolo futbolístico, ni abrazo eufórico por un gol. No tiene, al igual que Fatma Samoura, más vinculación afectiva con la actividad que los números, los balances y las leyes laborales, lo que para los tiempos que corren, no es poco. No se sabe si es descendiente de los republicanos que se atrincheraron en el Iberia para la guerra civil o si tiene casa en Los Angeles.

En un universo dominado por los hombres, la tarea es dura para las damas. Pero se celebra su desembarco. No me atrevería a decir que lo que se espera de ellas es que ordenen la casa, pero sí que aporten lo que ya se dijo: una nueva mirada.


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