Las vacas sagradas

Las vacas sagradas

Los números de la selección sub 17 que clasificó al Mundial de la India son impresionantes. Nunca antes en la historia se habían ganado cinco partidos en un sudamericano. Jamás se había salido primero en el grupo clasificatorio. Los tres pleitos ganados en el hexagonal final son un récord absoluto. Terminó cinco veces con el arco invicto tras conseguir el pasaporte al Mundial y en el partido que le queda, frente a Brasil, podrán pelear el título, algo inédito para esta categoría.

Es un equipo resistido- sin embargo- porque no juega bien. No de acuerdo a los parámetros exigidos desde hace rato para las selecciones chilenas. Hay momentos en que no son capaces de hilvanar más de tres pases seguidos y la tendencia ha sido a no tener la posesión de la pelota. Le gusta replegarse, goza defendiendo, luce sus mejores valores en esa faceta, como el arquero Bórquez, el impresionante Alarcón (un defensa que pinta para crack), el eficiente Sebastián Valencia y dos laterales con muchas virtudes: Zúñiga hace goles y Oyanedel los sirve.

Es un equipo que rompe tendencias. Cinco de los siete goles que ha convertido son de cabeza. Y tres de ellos tras un lanzamiento de esquina. Para un país habituado a ser el más bajo en todas las competencias en que participa y que sufre con el juego aéreo en su arco y en el ajeno, esa es una revolución. Y, más aún, el férreo afán defensivo que fue desarrollando con el correr de las fechas.

Es interesante el debate que se abrirá de aquí al Mundial de octubre, pues los puristas y estetas de la era Bielsa y Sampaoli pensamos que el estilo es una involución, un retorno al pasado. Los pragmáticos valoran el impresionante resultado que arrojan sus estadística y el mero hecho de haber terminado con veinte años de frustraciones. Como siempre, lo razonable es buscar un término medio, que implique buscar en estos meses una alternativa que en este plantel no aparece con claridad, más allá de los esfuerzos desplegados en vano por Branco Provoste.

Este es el mejor debate posible. Desde el triunfo y la certeza de haber vuelto a un sitial donde nos cuesta mucho. Para estar en la Copa de las vacas sagradas. Y sobre todo después del papelón de la sub 20, que nos obligó a renegar de nuestro futuro inmediato. 

 


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