Lo de Bravo no es normal

Lo de Bravo no es normal

No es normal que Claudio Bravo abandone la concentración de la selección en Rumania, en día de partido, para viajar a Barcelona. No es normal que lo haga para participar en un proceso judicial que busca obtener un millón de dólares de su primer club en Europa. Es decir, para su propio beneficio.

No es normal que se le autorice a menos de una semana del debut en Copa Confederaciones y mucho menos normal es que haga un viaje largo cuando -de acuerdo al parte médico de la selección- aún no se recupera de una lesión que podría inhabilitarlo a participar en el torneo.

Evidentemente no es normal que la directiva del fútbol chileno no informara debidamente del viaje, entendiendo que Bravo es el capitán, líder y emblema de La Roja, y que su partida lógicamente importa dentro del plantel. No es normal que se maneje en total secretismo la situación y que el portero abandone el hotel mientras sus compañeros están en el estadio y el técnico brindando una conferencia de prensa.

No es normal que Pizzi se haya referido extensa y latamente a la lesión del arquero sin mencionar el viaje, y mucho menos que sentara a su lado al doctor de la delegación -un hecho inédito para un cuerpo técnico que centraliza la información- para mostrar que el arquero sigue lesionado. No es normal que los mismos médicos -según dicen en la ANFP- hayan autorizado el viaje del jugador pese a la lesión, sobre todo “si no están claro los tiempos de recuperación”.

No es normal que Bravo no haya explicado los hechos. Y no es normal que comprometa otra vez su liderazgo en medio de la discusión por los premios de Copa Confederaciones, que de acuerdo a lo que han filtrado los mismos integrantes del plantel, los tiene enfrentados con los dirigentes.

Todo esto no es normal, pero responde al nuevo orden de una selección que tiene coaptada a la dirigencia en todas las discusiones importantes, restándole lógica a muchas decisiones. Rehenes del éxito de esta generación y de la carencia de normas en el desenfrenado período de Jadue, no es normal que esta dirigencia -encabezada por un ex jugador como Arturo Salah- navegue a la deriva a la hora de imponer disciplina y, más aún, que se preste generosamente al juego de las escondidas que tanto acomoda a los jugadores, porque les resta credibilidad. Que, hasta hace muy poco, era su principal patrimonio.


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