Crédito: Agencia Uno
Lo que quiere el Chino

Lo que quiere el Chino

Justo el día en que el futuro gobierno de Sebastián Piñera resolvió analizar algún tipo de apoyo al festejo de los 20 años del triunfo del Chino Ríos en el Lipton –y que le dio el número uno del mundo– nuestra principal raqueta pidió hacer un punto de prensa en el marco de la Copa Davis para expresar un par de conceptos: “que la chupen todos los periodistas” y “síganla chupando”.

Cita Marcelo a su amigo personal Diego Armando Maradona y habrá que decir que son respuestas a dos preguntas: ¿qué opina del equipo chileno? y ¿qué habló con la futura ministra Pauline Kantor?

"El Chino, con el paso de los años, cambió la rebeldía y la irreverencia por el mal tono, el enfado constante, el cálculo exacto de su conveniencia económica y política"

Por lo pronto, si el Chino lo pone en ese plano, habrá que decir que el próximo gobierno –al que apoyó pública y decididamente en la campaña– ya está accediendo a su pedido, porque armará una cancha frente a La Moneda para homenajearlo. Lo que es un gran gesto, sobre todo considerando que la próxima ministra… es periodista.

También han accedido a sus deseos los dirigentes de la Federación de Tenis y el propio capitán, Nicolás Massú, quienes lo han integrado al trabajo del equipo chileno pese a que varias veces su presencia ha causado incomodidad, no sólo por el trato interno, sino por incidentes en las tribunas con los rivales a enfrentar.

Digamos que los periodistas también hemos accedido a su petición muchas veces. Por lo pronto, en la conferencia de prensa que él mismo convocó, que más que reclamos provocó hilaridad de parte de profesionales jóvenes que deben haber sido niños cuando el Chino ya era un maestro.

Hicimos hace años aquel acto que él nos pide olvidando muchas veces el desgano, la desidia, la indisciplina y el mal humor con que asumió la defensa del equipo chileno de Copa Davis, que en los mejores años de su carrera individual no cosechó grandes logros. Lo hicimos –la mayoría– porque entendíamos (y entendemos) que es un talento sobrenatural, que su celebrada personalidad emergía con mayor madurez y sabiduría cuando le pagaban por dar entrevistas y que era una suerte de símbolo de una generación que había sufrido las restricciones culturales y sociales de la dictadura y que ansiaba expresarse desde la rebeldía y la irreverencia.

El Chino, con el paso de los años, cambió la rebeldía y la irreverencia por el mal tono, el enfado constante, el cálculo exacto de su conveniencia económica y política. Se fue a vivir fuera del país y, cada vez que debe aparecer, lo hace desde la estridencia y el mal gusto. De hecho, para un hombre que ya es padre, la petición que hace debería tener otro significado.

Diego Maradona –el referente al que cita– tiene una vida personal marcada por el consumo de drogas, el escándalo y también la adulación desmedida, lo que siempre ha servido para justificar sus dichos. Para el Chino no hay excusas. Yo esta vez, al menos, no accederé a lo que me pide.


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