Crédito: Agencia Uno
Los ángeles que derribaron a Guede

Los ángeles que derribaron a Guede

En la épica futbolera, lo de Iberia es un clásico. Casi como lo de Luxemburgo, que le empató a la millonaria Francia en las clasificatorias europeas, y a domicilio. La literatura y el cine de género están llenos de historias del equipo chico, de provincia, de pasado añoso y que de improviso se le cruza a un grande y lo saca de carrera.

Iberia nació en Conchalí, jugó mucho en Independencia y sus orígenes están en los inmigrantes españoles que no comulgaban con el franquismo. Era un cuadro republicano y por eso sus colores azulgrana remiten de inmediato al Barcelona, el bastión más nítido contra la dictadura.

Tuvo un cura, Gilberto Lizana, de sotana y origen castizo, que sostuvo al club en sus momentos más difíciles. Cuando los hinchas ralearon, se fueron primero a Puente Alto y luego a Los Angeles.

Un segundo salvataje llegaría muchos años después, cuando el empresario Carlos Heller se hizo cargo de la institución, cuando sus afanes y su dinero aún no le permitían tomar el control de la U. de Chile. Los llevó a Primera B y luego los dejó a cargo de ejecutivos de sus empresas y comandado por una mujer, Ana Bull. Hoy la institución está donde debe estar: en la medianía de la tabla de la Primera B, luchando por alejarse de la zona del descenso.

Consumada la eliminación de los albos, todos los elogios fueron para Luis Landeros, su entrenador, y un grupo de jugadores que ha hecho su vida en la lucha y el anonimato, deambulando por clubes pobres después de haberse formado en los grandes. Braulio Baeza, el héroe de la jornada, pasó por O'Higgins, Temuco, Puerto Montt, Copiapó y Curicó antes de marcarle dos veces a Agustín Orión. Sólo para poner un ejemplo.

No gana de casualidad ni en cualquier momento. En el partido anterior los albos pusieron un equipo alternativo que ganaba cómodamente por dos a cero antes que los angelinos provocaran el milagro y dieran vuelta el marcador. Luego, en Santiago, obligaron a que Pablo Guede asumiera la superioridad táctica e individual porque, a ser honestos, esta épica no se escribió con angustias ni zozobras, sino que con manifiesta superioridad. Le podrían haber hecho cuatro al Cacique.

Guede Agencia Uno

Consumada la gesta, como la llamó Landeros, tuvo que hacer un recordatorio a su puñado de hinchas y jugadores: de nada sirve si se van al descenso, y para eso tienen que ganarle a Rangers el próximo partido, que estará lejos de las luces, los elogios, la tele y la fama conquistada.

Volverán a lo suyo y esto quedará como una página imborrable que una tarde helada de invierno vivieron en el Monumental, un estadio donde no gana la U, pero donde los modestos a veces vienen de paseo.


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