Los superhéroes necesitan capa

Los superhéroes necesitan capa

Hay un par de gestos emocionantes, que quizás no se vieron en la transmisión. Al final del partido, Arturo Vidal se acercó al árbitro Héber Lopes y lo abrazó, como un gesto lógico después del amargo reclamo que le había prodigado en el entretiempo... El volante sabía que Chile pasaba, y que se perdería la semifinal ante Colombia, 45 minutos antes de que se concretara la goleada.

El segundo es el del banco chileno, que saltó al campo tras el pitazo final con una misión muy específica: apañar a Edson Puch, el jugador que fue la gran apuesta de Juan Antonio Pizzi, que abrió y cerró la cuenta, y que tuvo la difícil misión de anular a Layún, la pieza clave en la estrategia del adversario.

He estado en muchos triunfos chilenos, algunos más trascendentes que otros. El dos a cero frente a España en el Mundial fue increíble. El tres a cero contra Brasil en el Nacional fue contundente ; los penales contra Argentina inolvidables. Pero esta goleada —para los que la vivimos in situ— tendrá un sabor especial. Pocas veces fuimos tan visitantes y nunca antes nos ganamos tan abiertamente la admiración de un adversario tan multitudinario. Fue tan generoso el despliegue y tan apabullante la diferencia, que los mexicanos terminaron rindiéndose, aplaudiendo, admirándose.

Lo digo de inmediato: para mí eran candidatos al título y eso acrecienta el mérito de la victoria, porque se gestó desde la planificación y se ganó en los detalles, en la increíble contundencia en el área. Por ende, hay que darle los méritos a Pizzi por diseñar acertadamente la banda derecha (con dos elegidos de su corral) y porque anuló la estrategia de Juan Carlos Osorio, elogiado como un estratega sin mácula.

"Hay que darle los méritos a Pizzi por diseñar acertadamente la banda derecha"

Pero la historia de este 7 a 0, discúlpenme, tiene un héroe. Turboman en rigor no existe en el universo de Marvel ni DC Comics, sino que viene del manga japonés. Aparece en Mega Man 7 y fue creado con las partes viejas de un auto. Se transforma en Crash Drive y tira una rueda de fuego. No es un personaje universal ni inolvidable, ni siquiera recordable.

Alguna vez fue el juguete que Schwarzenegger tenía que conseguir para una Navidad, cuando estaba perdiendo a su hijo y su esposa por exceso de trabajo.

La película no debe enorgullecer al ex gobernador de California, pero sirvió para darle un apodo a Eduardo Vargas, un jugador atípico. Ha recorrido las grandes ligas del mundo de manera discreta y casi oscura. Y es porque, como sucede con los superhéroes, sólo funciona con su uniforme, con su disfraz, con su alter ego.

Para explicárselo claramente, Vargas en el Nápoles era Clark Kent y no Superman; en Hoffenheim era Bruce Wayne y no Batman; en Valencia era Peter Parker y no Spiderman y el que jugaba en la Premier no era Ironman, sino Tony Stark.

"Como sucede con los superhéroes, Vargas sólo funciona con su uniforme, con su disfraz, con su alter ego."

Deberían saberlo los equipos que quieren contratarlo: para que haga goles y se convierta en un gigante, Vargas necesita una camiseta roja con el escudo de Chile. Un caso raro, que nos tiene a todos mirando al cielo. Desde hace rato.


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