Los verdaderos cruzados siempre salieron segundos

Los verdaderos cruzados siempre salieron segundos

Primero, el campeonato se decidirá recién el sábado, con O’Higgins como principal y sorpresivo aspirante. Con un discípulo de Sampaoli que se comió ocho goles contra Beccecece para entender que se requería más equilibrio.

Y segundo, vamos a hablar de la Universidad Católica. Partamos por aclarar que en este torneo soy hincha de la UC. Me pareció un equipo agresivo, intenso, ofensivo y, sobre todo, entretenido. Con un perfil definido. Y sin dependencia de “una columna vertebral extranjera”.

Nicolás Castillo le dio contundencia y creo que la lesión de Carlos Espinosa fue fatal porque Rojitas (Diego) es un buen jugador cuando no tiene marca encima, o para el contragolpe, como jugó frente a la U. Pero cuando tiene que liderar, clarificar, echarse el equipo al hombro, sencillamente flaquea.

Mario Salas abrió otra vez la ilusión a partir de un contrasentido: llenó el equipo de canteranos, que, contra lo que suele decirse, desnudan su condición en los momentos cruciales. Kuscevic le ganó el puesto a Lanaro y Maripán a Cristián Alvarez; Manzano y Carreño desplazaron a Medel y Fuentes, en la emergencia Rojas tomó la plaza de Espinosa y Jeisson Vargas hizo olvidar la contratación de Sebastián Jaime.

No es que estuviera planificado, en otras palabras. La titularidad se la ganaron en cancha y la duda quedará –si no son campeones el sábado- para siempre: ¿por qué jugaron tan mal el partido clave frente a San Luis? ¿Porque lo planificó mal Mario Salas, entendiendo que la UC es una tromba cuando no le proponen marcas, pero destiñe cuando se le cierran los espacios? ¿Es un problema futbolístico o realmente se necesita un sicólogo para analizarlo?

Los cruzados han sido el mejor equipo de la década en la sumatoria. Tuvieron su crisis con Falcioni, pero han estado sistemáticamente en la lucha por el título con Pizzi, Lasarte y Salas. Han sido cuatro veces subcampeones en los últimos seis campeonatos y, objetivamente, pueden decir que no alzaron la Copa porque se pasmaron, les vino la garrotera, sufrieron mal de vértigo.

Se han hecho todos los chistes posibles y el fantasma cohabita en el camarín de San Carlos. Los cruzados caballeros lucen sombríos, pese a que en su condición de cruzados deberían saber que la travesía hacia Jerusalén sumó muchas más derrotas bochornosas que victorias épicas. Y no por eso perdieron su orgullo.

Partamos por expulsar al hincha que se viste de caballero, de cambiarle el nombre a los viejos cracks directivos de la institución y de pensar que muchas veces lo que parece un trauma insalvalble, una barrera infranqueable, un estigma maldito será la redención cuando el maleficio termine. Le pasó a la U durante un cuarto de siglo, a Colo Colo en los sesenta, a la mayoría de los equipos durante toda una vida. El bullying y la mofa son inevitables, pero esta es la hora de hacerse fuertes. Todavía quede una chance. Y si pasa, seguro habrá otras.


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