Crédito: AFP
Mi villano favorito

Mi villano favorito

Para que haya un héroe tiene que existir un villano. Eso me lo enseñó Samuel L. Jackson en “El protegido”, donde Bruce Willis era un atormentado superhombre que sobrevivía a un choque de trenes. Dirigía M. Night Shyamalan, un indio que después de “El sexto sentido” se fue desinflando.

En rigor siempre ha sido así, desde Superman hasta la Guerra de las Galaxias, aunque hubo villanos más carismáticos que los héroes: El Guasón, Lex Luthor, Loki o Zurg. Por eso tiene que existir José Mourinho, un tipo que eligió –como Darth Vader-  el lado oscuro de la Fuerza para construir su imperio, que no está exento, claro, de talentos y capacidades, que los villanos siempre las tienen.

Ahora, en la primera oportunidad en que perdió una copa de morondanga frente a uno de sus archirrivales, Arsene Wegner no saludó a su rival y "Mou" tiró la medalla del segundo puesto a la tribuna. Antes le había metido un dedo al ojo al finadito Tito Vilanova, enfrentó cada vez que pudo a Guardiola y, claro, humilla cuando le da la gana a Manuel Pellegrini, que, caballero como es, no le contesta como debiera, que es poniéndole un buen combo.

"...al frente siempre habrá un villano, que en Europa tiene nombre y acento portugués. Se llama José Mourinho"

Cuando perdieron el título de Copa América en el Estadio Nacional, los argentinos –con Messi, el mejor del mundo a la cabeza- esperaron pacientemente a que terminara el festival organizado por los chilenos, con familias incluidas. Los sobrinos de Charles Aránguiz fueron a consolarlos hasta que Pablo Zabaleta los correteó. Recibieron sus medallitas y aunque las guardaron y luego olvidaron en el velador del hotel, fueron dignos perdedores, a diferencia de los uruguayos, que respiran todavía por la herida, olvidando todo su pasado guerrero y belicoso.

Ser segundo, como decía Bosé, no es igual y ser tercero es perder. Lo sabe todo el mundo, y desde hace un mes también nosotros, que sorbimos el dulce elixir de la victoria, que nos hizo despreciar el sabor de los otros lugares de honor. De aquí en más queremos ser siempre primeros y eso, también es sabido, es imposible

Para esta temporada, por ejemplo, queremos ser tricampeones con el Barcelona, pero con Claudio Bravo siempre en cancha. Y que el Bayern gane la Champions con un gol del Rey Arturo. Que Alexis rompa el maleficio del Arsenal y levante la Premier y, por si acaso, que Medel le devuelva la gloria al Inter en Italia. Las posibilidades de celebrar son muchas, pero al frente siempre habrá un villano, que en Europa tiene nombre y acento portugués. Se llama José Mourinho, bota las medallas del segundo lugar y se burla de los rivales sin piedad. 

Yo sueño en las noches que SuperPelle baja volando y lo bate. O que cualquiera de nuestros superhéroes anota el gol del triunfo sobre la hora y corre a la banca del Chelsea y se lo grita en la cara. Pero después despierto. La vida no es así, y muchas veces el villano queda sin castigo. Es la historieta del fútbol que vuelve a latir y lo que más entretenido es volver a vivirla.


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