Mosa y la UC: ya no es bullying

Mosa y la UC: ya no es bullying

Es fácil apostar contra Universidad Católica. Su prontuario reciente a la hora de definir campeonatos es prístino desde que cayó la maldición del “cotillón”, en esa historiada final contra la U de Sampaoli.

Por eso Aníbal Mosa pisó sobre seguro cuando, sabiendo que Colo Colo venía a los tumbos, le tiró la presión a los cruzados, apostando a que se caerían, “como siempre se caen”.

Desde entonces, los cruzados siempre han estado en la pelea –con excepción de Falcioni, claro- y siempre se cayeron sobre el final.

Lo del último torneo fue increíble y ahora, por vez primera, el Comandante Salas flaqueó. Tras perder el partido de Arica que les permitía escaparse en punta, sentenció: “el tema motivacional corre mucho por parte de los jugadores. Si ellos no entienden que no hay mejor desafío que definir la punta, uno no puede meterse en sus mentes”.

El calendario de la UC, Colo Colo, OHiggins y Wanderers, los aspirantes al título del Clausura

A sólo tres fechas para que termine el Torneo de Clausura 2016, la pelea por el título quedó "al rojo" tras la última jornada, luego de las derrotas de Colo Colo y Universidad Católica, además de la victoria de O'Higgins justamente frente al "Cacique" .

No descartó un mayor énfasis en el trabajo sicológico y, a mi entender, Salas –que no tiene formación cruzada- ya está un poco chato de lidiar con el estigma del club.

Para que la UC se sacuda de los fantasmas, debe volver a ganar un título, qué duda cabe. Personalmente creo que este era el torneo ideal, con un equipo que dio espectáculo siempre, que fue ofensivo y profundo, que tiene más plantel que los otros aspirantes.

La llegada de Nico Castillo y la irrupción de Jeison Vargas le dieron un enorme potencial ofensivo y atrás parecía haber mejorado sin resignar el riesgo. Pero el análisis técnico o táctico de los cruzados siempre quedará limitado por sus carencias espirituales.

De nada sirve debatir si Carlos Espinoza o Diego Rojas son los conductores adecuados  si cada vez que es obligatorio ganar se hunden en sus propios marasmos, por ejemplo. O si Medel y Fuentes  son capaces de ejercer un liderazgo si sucumben ante la menor presión. O si los jóvenes de este equipo son el recambio que requiere el fútbol chileno, si no tienen el fuego sagrado de la generación de Gary, Alexis o Vidal.

¿Por qué, entonces, la UC puede ser campeón todavía? Pues porque debería aprovechar las increíbles facilidades que otorga el sistema y los rivales. Son apenas quince partidos (sin que le pese la necesidad de “dosificar” por la Libertadores), la irregularidad es abismante, el “efecto Beccacece” capotó y los equipos de provincia –Wanderers y O’Higgins- arrastran sus propios problemas, que más que aletargarlos, les sirven de motivación.

¿Será capaz este equipo de crecer en un clásico donde sabe que el rival tratará de lavar las heridas de todo un año? ¿O renunciará a la lucha nuevamente, como lo hizo en la última fecha del torneo anterior? ¿Tendrá, dentro de la cancha, el fuego sagrado que impulsa a los ganadores o seguirá dependiendo, como en el último tiempo, de lo que predique su entrenador?

Mosa, al tocarles la oreja, apostaba a ganador, aunque no fuera juego limpio pegar donde más duele. Pudo ser la mejor de las arengas para el plantel cruzado, pero terminó siendo, otra vez, un candado en la voluntad.


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