Crédito: Agencia Uno
Columna de Aldo Schiappacasse: "No hay papel"

¡No hay papel!

No es por seguir con la cantinela de que cada vez cuesta más entrar a un estadio porque ya está claro que es una estrategia de los dirigentes, pero permítame un par de datos. En el partido entre Everton y Cobreloa –uno de los más atractivos de la Primera B- no había papel para imprimir las entradas, por lo que muchos hinchas entraron atrasados o…no entraron.

Y llamó la atención que el partido de Colo Colo con Iquique empezara con ocho mil personas en las tribunas y terminara con quince mil. La explicación es fácil: gran parte del público entró con el partido ya empezado por falta de boleterías, torniquetes y revisiones suficientes, porque Blanco y Negro no calculó que iría tanta gente a ver al equipo puntero y con campaña perfecta.

Todo esto en paralelo a la discusión por las platas del fútbol, que como se sabe ya no provienen de las recaudaciones, sino del CDF. Hemos ido construyendo un fútbol de entelequias, donde la principal es, precisamente, la del ente que provee los dineros. Las sociedades anónimas se debaten analizando si piden un préstamo bancario para comprar el 20 por ciento que aún está en poder de Jorge Claro, y que no es más que la gran tajada de los derechos televisivos de un campeonato corto, mediocre y desprolijo.

Seguir sosteniendo que lo que está en venta es un canal de televisión es un despropósito. En todos estos años el CDF ha incrementado su valor sin un peso de inversión. No tiene ni infraestructura ni implementación técnica, porque no hay comprado ni una cámara ni un micrófono. No ha rentabilizado marcas, no ofrece programación constante y sus monopólicas decisiones han causado más daños que beneficios al fútbol chileno. Los clubes –como todo buen propietario- lo han usado mañosamente para promoverse sin cuestionamientos y no hay, a todas luces, una línea crítica a los males evidentes de nuestra estructura.

El nuevo fracaso de los equipos chilenos en un torneo internacional ratifica la pobreza de la liga interna. No hay liderazgos técnicos, ni análisis del mercado y, como la plata está asegurada, a los pomposos empresarios que comandan las sociedades anónimas se les olvidó la regla básica del mercado: la calidad del producto.

Entrar a un estadio hoy es un calvario. Lo será aún más cuando entre en funciones el Registro Nacional de Hinchas (¿se acuerda de esa joyita?). Mientras tanto, casi como un volador de luces, un distractivo, un caramelo para los barras bravas, el debate más grueso estuvo centrado en si el bombo volvía a las intransitables galerías del Monumental. Como si su latido pudiera devolverle la vida a una actividad moribunda.                            


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