Crédito: Agencia UNO
No seremos favoritos

No seremos favoritos

La tentación es deprimirse o quemar las naves tras la justa derrota frente a Irán en Austria. Sacar el lamentómetro y decir lo que todos sabemos hace rato: hay equipo, pero no plantel; nos hacen muchos goles en pelotas detenidas; no hay recambio.

Bastaba ver la nómina para estos amistosos para comprender una cosa: las alternativas no son jóvenes emergentes que vienen pidiendo cancha, sino veteranos en el cénit de sus trayectorias. David Pizarro, Jaime Valdés, Mark González, Matías Fernández o Roberto Gutiérrez ya vivieron la mejor etapa de sus carreras y pueden aspirar legítimamente a estar en la Copa América, pero eso no cambiará radicalmente las cosas. Por lo pronto no sirvió para ganarle a Irán, un cuadro solvente –como ya se sabía tras el Mundial- pero lejos de ser una gran potencia.

Todos sabemos que la estructura de Chile descansa no sólo en los pocos que están en el gran mundo (Bravo, Vidal, Alexis, Medel) y en la confianza en los herederos de la Sudamericana (Aránguiz, Mena, Vargas y Díaz, si se recupera) sino también en una apuesta que de tan repetida ya suena a ridícula. Como siempre estamos esperando a Jorge Valdivia, que hace demasiado rato no juega, pero ese albur no nos librará de la condena de saber que está en manos de un curandero, esperando un milagro, con la mente en cualquier cosa y sólo para jugar un rato.

Por eso, en la antesala de la revancha contra los brasileños y de cara a la Copa América hay que hacerse a una idea: no seremos favoritos. En el deseo de los jugadores, en el fervor del fanatismo, en los avisos comerciales, en la lírica afiebrada de quienes transmitimos el fútbol se puede plantear la aspiración y el deseo, la fe en que se alinearán los astros y crecerá el orgullo de ser chileno, pero en la previa, a la hora de tirar los pronósticos, los argentinos, los de Dunga, la charrúa y Colombia (con Radamel muy picado y James con sed de fama) deberían estar en todas las boletas de los apostadores.

Sumando ya casi dos meses en Europa, Sampaoli debe haber aprovechado el tiempo en recorrer museos y partidos estelares, porque no hay mucho más que aprender. Tampoco hay más extranjeros para nacionalizar ni jóvenes escondidos bajo las piedras. Está la eterna generación del 2007 en Canadá, lo que resta de la Copa Sudamericana y se acabó. No hay generación de recambio, por lo pronto, ni cracks que sobrevivieran a Tocalli y Grelak. Habrá que batirse con lo que tenemos (que ojo, no es poco) y encomendarse a los santos.

Por lo pronto hay una duda ya aclarada. Me llamaba la atención que Sampaoli todavía esgrimiera la necesidad de concentrarse en Europa en la previa de la Copa, “para restarle presión a los muchachos”. Claudio Bravo puso las cosas en su lugar asegurando que era para minimizar el riesgo de bautizos. Y, con lo que le gusta el Viejo Mundo al entrenador, para ver si pasa algo con el futuro. El suyo claro. Porque a este equipo sólo le queda un tibio presente para soñar con el título.


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