No somos americanos

No somos americanos

Digámoslo sin anestesia: los clubes chilenos han vuelto a fracasar en la Copa Libertadores. De manera estruendosa y contundente, Colo Colo, Unión Española, Universidad Católica e Iquique se quedaron a la vera del camino cuando la competencia recién se torna seria. En los últimos cinco años, sólo los hispanos (en el 2014) lograron pasar la primera valla, lo que supone un rendimiento, en similar período de análisis, sólo comparable al de los clubes venezolanos.

En el concierto internacional vamos en picada y la explicación no está clara, porque los clubes chilenos invierten más que la mayoría del continente, tienen mejor piso económico y pese a que la historia nunca nos fue generosa, las estadísticas jamás fueron tan pobres. Pero es evidente que desde el Colo Colo de Borghi y la Universidad de Chile de Sampaoli, no hubo más planteles realmente competitivos a nivel internacional, sin que mediaran condiciones objetivas para justificar la caída.

Los especialistas, las autoridades del fútbol chileno y, sobre todo, los entrenadores del medio local balbucean argumentos vagos, que dicen relación casi siempre al poderío económico de los equipos que enfrentan, lo que no es argumento para otros cuadros que avanzan con menos recursos que los nacionales. Parece haber consenso en la baja evaluación del torneo local, lo que contrasta con el entusiasmo de la ANFP para analizar las cifras de público del último certamen, que fue celebrado como “competitivo y emocionante”, pero que dejó una cosa en claro: no hay equipos sólidos para revertir la tendencia. 

¿Qué se puede hacer frente a tan desolador panorama? Es complejo decirlo porque mientras el análisis del medio futbolístico –jugadores y técnicos- sea tan increíblemente autocomplaciente, la receta tardará en llegar. El último de los eliminados, Iquique, se felicitaba por haber sumado 10 puntos y haberle ganado al Gremio, lo que le sirvió para recibir la Sudamericana como premio de consuelo, pero se perdió la oportunidad histórica de haber roto el círculo vicioso de nuestra realidad.

Quedan en carrera los provincianos en la Sudamericana, y –por las características del torneo- alguno podría emular la buena campaña de Palestino el año anterior (y que ahora sigue en carrera). Pero todo es incierto porque viene un receso largo y todo podría cambiar, en la lógica siempre incierta de nuestras instituciones.

Por lo pronto, a la hora de cerrar el balance del primer semestre, la conclusión es deprimente. No somos americanos.


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