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¿Por qué echaron a Pellegrini?

¿Por qué echaron a Pellegrini?

A Pellegrini lo echaron, definitivamente. Con flema británica, con gentileza de lord, con modales de Downton Abbey, pero lo echaron.

"El mercado del fútbol se está “petrolizando” o quedando bajo la égida árabe."

Lo echó –en rigor- el jeque Mansour bin Zayed Al Nahyan, dueño del Manchester City, quien a los 16 años ya era millonario con la plata que le prestó su madre para participar en la especulación inmobiliaria. Mansour nació en Dubai, pero vive, estudió y se formó tras la azarosa muerte de sus progenitores en Londres, por lo que sus modales deben ser británicos. Toma té, escucha a Adele, quizás maneja un Bentley.

Mi primera impresión es que a Pellegrini lo echaron, pese a estar con vida en las cuatro competencias donde su equipo participa, porque el jeque es un millonario sin límites, que quiere demostrar que su equipo es el más grande del mundo a punta de petrodólares y que, pudiendo contratar al mejor técnico del universo, pues lo contrata. Punto. E irá a final de temporada por Messi, Pogba y a quien le pongan por delante para complacer a Pep Guardiola.

"El jeque es un millonario sin límites, que quiere demostrar que su equipo es el más grande del mundo a punta de petrodólares"

Desde hace tiempo, además, tengo la teoría de que el mercado del fútbol se está “petrolizando” o quedando bajo la égida árabe. El París Saint Germain en Francia es de un jeque; el Barcelona tiene capitales cataríes, el nuevo estadio del Real Madrid se hará con plata del petróleo y en las próximas elecciones de la FIFA los candidatos que corren con más opción son el jeque de Bahrein Salman Bin Ibrahim Al Khalifa, y el príncipe jordano Ali Bin Al Hussein. Y el Mundial del 2022 se jugará en Qatar, le moleste a quien le moleste.

La segunda razón que se me ocurre es que Mansour no le tiene fe al ingeniero. Sabe que su inversión es tan alta, sus contrataciones tan incontrarrestables, su dinero tan rentable que le parece inconcebible que el City esté peleando con el Leicester y el Arsenal; que el Barcelona siga dominando el espectro o que el Bayern Münich sea más elogiado. Los sueños de grandeza del jeque lo quieren a la cabeza del mundo, en el Olimpo de los elegidos, y no en la mundana tarea de estar metido en el montón de los favoritos, con tendencia a la baja.

La tercera, que no descarto, es que Mansour bin Zayed Al Nahyan tenga paladar futbolístico fino y que pretenda otra cosa. Un sometimiento más absoluto de los rivales, más posesión, más fútbol galano, elegante, estético, que Pellegrini lo tiene pero no tanto como Pep, hay que ser honestos.

Y por último, que lo planteo pero no lo creo, es que este sea un castigo por el desdén que le hizo don Manuel a la selección chilena. Una suerte de fatalismo punitivo, de karma negativo por el rechazo con distancia que le hizo a la selección necesitada, al amigo en apuros.

Lo concreto es que a Pellegrini le queda la venganza, que no es poco. Ganar la Premier, la Champions, la FA y la CapitalOne y, en medio del festejo, mirando fijamente a la tribuna, a los ojos penetrantes del príncipe petrolero, hacer un corte de mangas, mostrar el dedo del medio, recordar al Pato Yañez. Pero eso no pasará, porque don Manuel es, ante todo, un caballero.


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