¿Por qué somos siempre los más chicos?

¿Por qué somos siempre los más chicos?

En el Sudamericano y Preolímpico de Punta del Este, Chile es otra vez el equipo más chico. Igual que en los mundiales o las clasificatorias, el promedio de estatura es lapidario: 1.746 metros. Brasil, por ejemplo, tiene 1.813 y Colombia, que nos ganó ayer, 1.808. Uruguay, contra quienes jugamos mañana, tiene 1,793.

La selección de Tocalli eligió a Diego Rojas como armador, con 1 metro 59 según la información de la federación Chilena y 1,62 según la del torneo. Tres centímetros que, créanme, no hacen la diferencia (Universidad Católica pone en su página que el volante mide 1,64, para más ejemplo).    

Sería un facilísmo decir que este equipo es malo porque es chico, porque los de Sampaoli también lo son y ya ven donde nos tienen. Ni que la solución para los males es tener equipos grandes. De hecho, con equipos siempre bajos de estatura, sólo habíamos quedado eliminados una vez en los últimos cinco sudamericanos.

"Con equipos siempre bajos de estatura, sólo habíamos quedado eliminados una vez en los últimos cinco sudamericanos."

Para eso son los procesos, sobre todo si son encabezados por técnicos que han sido campeones del mundo como Tocalli. Para esconder los defectos y potenciar las virtudes. La Roja puede ser chica, los jugadores tener poca experiencia en Primera, ser inmaduros y con poco roce, pero para eso se trabaja: para ganar pese a todo.

Lo que nos convoca en esta columna es saber por qué somos siempre los más chicos. ¿Es la raza?, ¿Es que el desarrollo no nos alcanza?,¿Es que estar en la OCDE no nos garantiza unos centímetros más? En la elección de los jugadores los colombianos y ecuatorianos hace rato privilegian un biotipo mucho más fornido que el nuestro, con irregulares resultados. 

Los defensores de la menudencia dirán que el mejor equipo de los últimos tiempos estaba constituido por pequeñitos: Messi, Iniesta, Xavi y compañía eran bajos y, más aún, despreciaban incluso tener un referente de área más espigado. Pero, amigos míos, la diferencia salta a la vista: eran buenos para la pelota.

"Aquí faltó trabajo, sacrificio, voluntad. Que es lo que ponen siempre los chicos cuando quieren ganarse un lugar en la historia."

En esto hay que ser cuidadoso: cuando se habla de la “mejor generación de la historia” estamos hablando de la misma genética, que administrada por Sampaoli sólo clama por un central de más envergadura. En este equipo de Tocalli parece una condena eterna, una maldición del destino, una tortura ineludible. “La generación es la mala” es el lugar común para explicar estos fracasos y no quiero aceptarlo mansamente.

Aquí faltó trabajo, sacrificio, voluntad. Que es lo que ponen siempre los chicos cuando quieren ganarse un lugar en la historia. 


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