Crédito: Agencia Uno
Porque no tenemos nada

Porque no tenemos nada

Cuando Chile organizaba el Mundial de 1962, acuñó una frase de marketing que se convirtió, por años, en marca-país: “porque no tenemos nada queremos hacerlo todo”. Aunque la ocasión y la veracidad están en entredicho, el concepto fue imbatible para levantar un mito que nos acompañó por años: somos muy buenos para organizar con poco.

Los años han pasado y ahora, de cara a la Copa América y el Mundial Juvenil, el Gobierno reforzó una política extraña y cuestionable, como lo es la construcción de estadios con fondos fiscales que finalmente servirán a las sociedades anónimas que privatizaron la actividad. Michelle Bachelet y Sebastián Piñera cortaron cintas por doquier, y se levantaron nuevos recintos en las ciudades más populosas como Viña del Mar, Concepción, Valparaíso y La Serena.

Con el apuro por llegar antes del final del primer mandato de Bachelet, el Estadio Nacional quedó convertido en un mamarracho y, ampulosamente, los dirigentes de la Federación, colgados de la falda del Estado, se han llenado la boca para organizar torneos internacionales que ahora ya no pueden ser amparados por la famosa frase de Dittborn. Ahora hay de todo, pero las cosas no se hacen o se hacen derechamente mal.

"El Gobierno reforzó una política extraña y cuestionable, como lo es la construcción de estadios con fondos fiscales que finalmente servirán a las sociedades anónimas que privatizaron la actividad"

El estadio de Calama no puede ser recepcionado hace meses; Viña del Mar ha sufrido insólitos, onerosos e inexplicables atrasos y Concepción emprendió una carrera contra el tiempo que –para los que llevamos tiempo en esto- sólo  puede tener un destino: algo quedará mal.

Ni hablar de los planes deportivos. Los torneos locales –adultos y juveniles- están cada vez más mal organizados (pese a que hay más dinero e infraestructura) y el estruendoso fracaso del Sudamericano Sub 20 nos puso en un lugar incómodo: se contrató a un campeón del mundo para encabezar ese proceso y a partir de allí se tomaron sólo malas decisiones, avaladas por la directiva, por cierto.

Echaron a Mario Salas, contrataron a Claudio Vivas (su mejor antecedente era haber sido ayudante de Bielsa), el retirado y resignado Tocalli se hizo cargo del equipo y se sigue ratificando a Alfredo Grelak en la Sub 17 mundialista, aunque el equipo hace rato anda a los tumbos.

"El momento no admite vacilaciones. Hay que hacer los cambios más urgentes sin temores y es evidente que en las selecciones menores hay involución"

El momento no admite vacilaciones. Hay que hacer los cambios más urgentes sin temores y es evidente que en las selecciones menores hay involución. Y, sobre todo, un divorcio evidente con la filosofía de la selección mayor, algo que fue evidente también en el proceso de Bielsa.

Sobre los estadios ni hablar: el fútbol chileno vive bajo las faldas del Estado, lo necesita para construir, mantener la seguridad y obtener ciertas impunidades. Por lo tanto, feo sería que se pusieran a reclamar por los retrasos y errores en las construcciones de los estadios. O por la falta de inversión en un recinto copero como el Monumental, que está caro para la competencia local.

Para muestra un botón: el Ministerio del Deporte subvencionará el Mundial Sub 17 comprando entradas para que el dinero vaya a las arcas de la FIFA y el Comité Organizador local, algo que resulta incomprensible e ilógico, y que no ha tenido una explicación razonable por parte del Gobierno.

En suma, ahora lo tienen todo. Y no pueden organizar nada.


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