Crédito: Agencia Uno
Preparémonos para la guerra

Preparémonos para la guerra

Es altamente probable que el TAS le restituya los puntos perdidos a Bolivia por la mala inscripción de Cabrera. Por varias razones, partiendo por la flexibilidad ética que la FIFA asumió con Argentina tras asumir que un Mundial no sería lo mismo con el bicampeón fuera. Zurich, recordemos, actuó de oficio en este caso no por considerar que Bolivia haya sacado ventajas de la inscripción irregular del jugador, sino que para salvaguardar un principio básico: impedir que las federaciones de gran poderío económico nacionalicen jugadores a su beneficio.

En ese escenario, dos puntos que se obtuvieron por secretaría podrían perderse, lo que – a no mediar el espurio proceso, al igual que el del caso Messi- está dentro de los márgenes de lo posible. Pero, una vez más, estamos obligados a plantearnos la seriedad de estos organismos  cuando anuncian que el dictamen final se entregará  el 31 de agosto, es decir, cuatro días antes del duelo ante Bolivia en La Paz. Y el mismo día del pleito ante Paraguay en Santiago.

Si eso llegara a confirmarse -porque creo que en la FIFA y el TAS son corruptos, pero no tontos- sería tensionar, torpe e innecesariamente, una jornada clasificatoria de por sí complicada, entendiendo la urgencia de los puntos y las relaciones entre ambos países. En otras palabras, si el fallo se entrega tan encima del partido, habrá que anticipar un clima hostil si el resultado es favorable a Chile y revanchista si le devuelve los puntos a Bolivia.

Dicho eso, preocupémonos de nuestra selección, que antes de esos avatares y a diferencia de todo el resto del continente, tendrá que competir -y muy duramente- durante el receso. La Copa Confederaciones es un regalo de doble filo. Le permitirá a este grupo aspirar a una nueva porción de gloria, pero lo dejará sin adecuado descanso, lo que se viene repitiendo desde hace, al menos, cuatro años.

Igual, ya es un plantel acostumbrado a estos rigores, lo que lo distingue de los jugadores del plano local, tan necesitados de dosificaciones, regulaciones y reposos para encontrar su mejor rendimiento. Aunque, lo que de verdad me inquieta es Juan Antonio Pizzi.

El técnico ya patentó un estilo lejano, ausente, distante. Su presencia no se nota, lo que lo asimila a Arturo Salah, un hombre reticente a la prensa, a la exposición innecesaria y a los discursos aclaratorios. No hubo mayor información de su gira europea y tendremos que asumir que el diálogo con nuestras figuras fue provechoso y fructífero. Que no habrá sorpresas de última hora ni bajadas imprevistas. En otras palabras, que no dejó cabos sueltos.

Mi problema con Pizzi es que no lo veo en los estadios. Que no está presente en la definición de nuestro modesto campeonato. Es probable que también lo encuentre malo, mediocre o irregular y que ya sabe que de ahí nada bueno puede sacar. Pero igual sería conveniente que se paseara por las canchas para que el hincha lo vea, sepa de su afán y labor, entienda que se sigue trabajando, como lo hicieron -de tan buena manera- sus antecesores.

Cuando los dichos de Bielsa sobre la selección motivaron la comparación, las encuestas sólo reflejaron la admiración del hincha por la labor del rosarino y de Sampaoli. Pizzi aparecía muy débilmente. Y es lógico; ¿quién votaría por un entrenador fantasma?

 


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