Pudo ser perfecto

Pudo ser perfecto

Es injusto el reproche de Juan Antonio Pizzi a los periodistas chilenos tras el triunfo sobre Venezuela. Cuando el técnico les pregunta a los reporteros por qué no están plenamente felices, seguramente no sabía -o no quería saber- que sus propios jugadores no habían ocultado el desencanto y la frustración a la entrada del vestuario. Es cierto, se había ganado 3 a 1, se había reingresado a la zona de clasificación directa y no había tarjetas amarillas que lamentar, pero pudo ser la noche perfecta y estuvo a un tris de transformarse en una jornada de nervios.

Desde el 7 a 0 contra México en Copa Confederaciones que Chile no hacía un primer tiempo tan perfecto como contra los llaneros. Un impresionante Alexis Sánchez embocó un tiro libre, le sirvió dos goles a Esteban Paredes y desarmó la retaguardia vinotinto, en un rendimiento soberbio y electrizante. Estaba jugando feliz Alexis y en el segundo tiempo puso cuatro pelotas de gol que no llegaron a destino. Le quitó el balón a Vidal en el penal que marró -y que impidió que su noche fuera perfecta- y mereció más suerte en su batalla contra Marcelo Salas en la tabla histórica de goleadores que ahora comparten.

Si Chile hubiera marcado un tercio de las oportunidades generadas, estaríamos pisándole los talones a Uruguay en la diferencia, que para nosotros es todavía falsa porque se suman los goles adjudicados en el triunfo por secretaría ante Bolivia. Y como el pasaje al Mundial se definirá por detalles, era la noche propicia para reducir esas distancias.

Había conformidad. Mesurado optimismo. Pero era injusto pedir euforia al público, como lo hicieron Bravo y Vidal justo cuando Rondón había marcado el descuento, no le habían validado un gol a Rincón y Chile había perdido un penal. Eran minutos tensos y la gente manifestaba su nerviosismo, sobre todo porque el plan perfecto había fallado.

"La necesidad de Valdivia para garantizar caudal ofensivo quedó en entredicho, lo que es malo para el jugador, para el técnico, para un porcentaje importante de fanáticos y para el libro de las recetas de la Roja. Pudo ser perfecto, pero no lo fue"

Y ese plan contemplaba, en todos los libretos, unánimemente, el ingreso de Jorge Valdivia. En condiciones ideales: la victoria era clara, tenía mucha gente por delante y un rival ya sometido. Sin embargo los venezolanos no estaban para ser el pato de la boda. La marca fue implacable y violenta sobre el Mago y pasó más en el suelo que habilitando, lo que coincidió con la laguna nacional. Pizzi, quien intentaba probar dos modelos para los próximos partidos de local en la clasificatoria, debe haber aprobado uno: el referente de área con Alexis y Vargas abierto. Y dejó en barbecho el otro, con Valdivia de nueve y medio.

En otras palabras, la necesidad de Valdivia para garantizar caudal ofensivo quedó en entredicho, lo que es malo para el jugador, para el técnico, para un porcentaje importante de fanáticos y para el libro de las recetas de la Roja. Pudo ser perfecto, pero no lo fue.

Por último, cuando Argentina perdió en La Paz y en la FIFA, cuando Ecuador y Uruguay tropiezan después de campañas casi perfectas y el calendario nos permite enfrentar partidos claves como local, el despertar de Colombia conspira contra la clasificación directa y la opción de ser cabezas de serie en Rusia 2018. Y es que pedirlo todo habría sido demasiado.

 


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