Rápido y furioso

Rápido y furioso

Sumidos otra vez en un escándalo en medio de la Copa América, hay que apresurarse a ser justos: esto con técnicos como Nelson Acosta o Claudio Borghi era refrendar los peores males del fútbol chileno y ahora, bajo la tutela de Sampaoli, no se puede esquivar el bulto, como todos sospechamos se hizo en la Copa del Mundo. Arturo Vidal fue detenido, enfrentará  el trámite de la formalización y sacará de concentración a toda la selección chilena en medio de la competencia. Todas pésimas noticias.

Lo que falta encontrar es el nombre adecuado con el que este incidente será recordado, pero entrarán en la descripción los elementos más llamativos: un Ferrari último modelo, el casino Monticello, Buin y la carretera. En lo práctico, deberemos esperar algunas horas para la definición más trascendente del proceso Sampaoli: ¿perdonará a un jugador que, disponiendo de tiempo libre para compartir con su familia, chocó en una carretera viniendo de un casino? ¿Será atenuante o agravante el hecho de que el futbolista en cuestión sea Arturo Vidal, la mejor figura ante México y referente obligado en este equipo?

"El pecado de Arturo Vidal no es el accidente carretero que protagonizó. Ni las circunstancias en que lo hizo. Es desviar el foco de atención en esta Copa América desde la cancha (y las múltiples dudas que se viven en torno a la estrategia del entrenador) hasta los tribunales"

La conclusión más fácil para el momento es repetir que hay jugadores de este plantel no están capacitados para administrar adecuadamente sus tiempos libres. Y que los escándalos de Puerto Ordaz, el bautizo, Mendoza y Belo Horizonte forman una cadena insoslayable de actos disciplinarios que algunas veces –más por presiones periodísticas que por convicciones de los técnicos o la Federación- terminaron en sanciones. En otras, fueron ocultados bajo el manto protector de los responsables.

El pecado de Arturo Vidal no es el accidente carretero que protagonizó. Ni las circunstancias en que lo hizo. Es desviar el foco de atención en esta Copa América desde la cancha (y las múltiples dudas que se viven en torno a la estrategia del entrenador) hasta los tribunales. Y el reproche a Sampaoli se canalizará desde las responsabilidades técnicas a las disciplinarias, algo que ya han vivido varios de sus antecesores.

Será difícil reponer la atención donde corresponde. Y ya temprano hubo que contestar muchas veces la interrogante de si esta Copa América está terminada para la Roja. No hay que sobre-reaccionar en estos asuntos, pero una cosa es cierta. En el Acceso sur a Santiago, y a bordo de un Ferrari último modelo, las convicciones de este proceso quedaron en entredicho. Toda una tragedia.  


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